Al doblar el cuello,
veo mi cuerpo yacente.
¡Qué frío!
Raizan
Este es un ejemplo de “vernos a nosotros mismos como nos ven los demás”, vernos como Dios nos ve. Hay un poema de Hakurakuten muy parecido, pero sin la experiencia corporal que objetiva, personaliza, ubica temporalmente y por lo tanto eterniza la experiencia:
A PRINCIPIOS DEL OTOÑO, A SOLAS EN LA NOCHE
La fresca brisa mueve las hojas de paulonia;
El batán del vecino es la voz del otoño.
Me acuesto a dormir bajo los aleros;
Al despertar, la luz de la luna en medio de mi lecho.
El frío invernal es un poco diferente al del otoño; el primero tal vez es más físico, el segundo más espiritual.
Fuente:
Blyth, R.H: Haiku. Vol. IV. Hokuseido Press. Tokyo, 1951
Versión libre: JB
Etiquetas: Haiku, Hiroshige, Invierno, Japón, Otoño, R.H.Blyth

diciembre 17, 2011 a las 13:07 |
Este impresionante haiku de Raizan, no deja de recordarme a este otro de Santôka, que en traducción del Dr. Vicente Haya dice así:
Eso
era mi cara
El espejo cada vez más frío
Sore wa watakushi no kao datta kagami tsumetaku
“… vernos como Dios nos ve…”; sin apego alguno.
Salud
diciembre 17, 2011 a las 22:44 |
Es cierto, ¡qué extraña sensación la de ser espectador de uno mismo…! En la imaginación o en el sueño.
Y más aún como lo presenta Raizan.
Inquietante.
Gracias. Un abrazo.