Archive for the ‘Por orden cronológico’ Category

La boca agua

mayo 2, 2014

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Hace apenas unos días, en su blog Segundacita, el trovador cubano Silvio Rodríguez publicó esta hermosa y cubanísima estampa. Ejemplo de poesía natural, que guarda afinidades con nuestra tradición de cantarle a las frutas de nuestras islas. Ojalá que la disfruten tanto como yo.

Saludos desde La Habana.

 ***

La boca agua

 Tenemos marañón. Nos acabamos de dar cuenta. Crecía de incógnito, hasta que echó unas florecitas cuando empezó la primavera. Hoy fui a verlo y, entre el burujón de verdecitos, había tres frutos rojos, llenos de jugo, listos a apretar bembas.

Hace dos días el mamoncillo acabó perdiendo aquel gajo que el ciclón Charlie casi le arranca. Se lo habíamos pegado con una cuerda dura, que duró años, pero ya era una península mayor y pesada. Casi a mediodía sentimos el grito de la mata, cuando se le desprendía el pedazo de vida, la rajadura y luego el golpe seco contra el suelo. Pero nos queda mata, y ojalá también mamoncillos.

La chirimoya y el ciruelo se han desvestido, como acostumbran por este tiempo. Frutos y brotes verdes, prometedores, numerosos.

El mango rey, a punto de empezar el bombardeo.

Se me está haciendo la boca agua.

Silvio Rodríguez

 

 

Fotografía: Silvio Rodríguez

Fuente: Segundacita

¡Ya han florecido!

abril 21, 2014

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Saita na to   zatô wa hana de   ume wo home

¡Ya han florecido!
Dice el ciego que admira los cerezos
con su nariz.

Senryu anónimo

 

Fuente:
R. H. Blyth: Japanese Life and Character in Senryu. Hokuseido Press. Tokyo, 1960
Versión libre: JB

Colina de cerezos en flor

abril 8, 2014

Utagawa Kunisada

Hana no yama  goze matsu no ki no hô e muki

Colina de cerezos en flor.
Canta la ciega del laúd
hacia los pinos.

La mujer ciega debe estar frente a los cerezos en flor y cantar acerca de ellos pero, ignorantemente, se vuelve a la dirección equivocada. El error de una persona ciega puede parecer un tema inadecuado, tanto en su arista alegre como triste. Pero el senryu no es ni insensible, ni sentimental. La vida es una tragicomedia. La ceguera de Otelo puede parecer cómica si quien observa es Yago.

Fuente:
R. H. Blyth: Japanese Life and Character in Senryu. Hokuseido Press. Tokyo, 1960
Versión libre: JB

 

Tan solo un hilo

abril 7, 2014

Una hoja seca

Tan solo un hilo…
El viento no desprende
esa hoja seca

Cinco proverbios coreanos

abril 5, 2014

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Después que llora y suspira,
pregunta quién es el muerto.

***

Con el estómago lleno,
¿quién piensa en hambres ajenas?

***

Sin fuego bajo el caldero,
no hay humo en la chimenea.

***

Aunque está hecho jirones,
no deja de ser brocado.

***

Ahora que es rana, olvidó
que una vez fue renacuajo.

 

Fuente:
Blyth, R.H  Oriental Humour. Hokuseido Press. Tokio, 1959
Versión libre: JB
Imagen:
Portrait of a Scholar_Chae Yongsin (Korean, 1850–1941)
Col. The Metropolitan Museum of Art

La mariposa

marzo 31, 2014

Samuel Feijoo_Dibujo

Hoy, además del de Octavio Paz, se celebra el centenario del nacimiento de Samuel Feijóo, creador omnipresente en este espacio dedicado al haiku en Cuba. Una de sus mariposas revoloteó por aquí hace algun tiempo. Ahora nos llega otra.

***

Enciende mariposa hada ligera
en el agua del verde sorprendida,
y la pupila que ya vive herida
ve en la flor silenciosa su quimera.

Morir ahora una sonrisa fuera,
pero un nocturno pájaro en su huida
quiebra a la fuente el ala detenida
que su coral perfecto repitiera.

Vuela al ocaso la ideal estrella
y sube a disfrutar su largo día
de amor sin rasgos ni florida huella.

Traza la mariposa la elegía:
el oro suelta por el tiempo, y sella
su firme trama al alma donde guía.

Samuel Feijóo

 

Octavio Paz

marzo 31, 2014

O_Paz

Canta en la punta del pino
un pájaro detenido,
trémulo, sobre su trino.

Se yergue, flecha, en la rama,
se desvanece entre alas
y en música se derrama.

El pájaro es una astilla
que canta y se quema viva
en una nota amarilla.

Alzo los ojos: no hay nada.
Silencio sobre la rama,
sobre la rama quebrada

Octavio Paz
(Ciudad de México, 1914-1998)

La Primavera

marzo 23, 2014

Gomez_de_Avellaneda1857

Huyó el invierno sañudo

Y luce brillante el sol,

Que el pálido velo rasgando glorioso

Difunde en la tierra benigno calor.

 

Se cubre el campo aterido

Con halagüeño verdor;

Del dulce Favonio los hálitos puros

Suceden al soplo del fiero Aquilon.

 

¡Salud, bella primavera!

¡Salud, feliz estacion!

Tu grata sonrisa, que vida difunde,

Perfuma los aires, colora la flor.

 

Vencedora del invierno

Llegas vestida de albor,

Los valles se alegran, las fuentes murmuran

Las aves entonan sus himnos de amor.

 

Brota el gérmen, escondido

de la escarcha en la prision,

Y brumas, y hielos y nieves disipa,

Tu impulso de vida, tu soplo creador.

 

Rejuvenecer la tierra

Fué tu dichosa mision,

Y tú la obedeces!… renace cada año

Natura al mirarte, con nuevo vigor.

 

Ay! ¿por qué tambien al hombre

No se extiende tu favor?…

De su edad primera las flores preciosas

Son presto despojos del tiempo feroz.

 

Perfuman con dulce aroma

Su juvenil corazon,

Las toca con mano de acero y de hielo,

Las toca, y marchitas las deja el dolor.

 

El invierno de natura

Tu presencia disipó,

Mas ¡ay! de la vida del hombre infelice

No el pálido invierno disipas tú, no.

 

Una sola primavera

El cielo le concedió,

Y rápida vuela, cual nube de estío,

Cual humo ligero, cual soplo veloz.

 

¡Una sola! y el invierno,

Que helado y mustio va en pos,

Le agobia de nieves, le cerca de sombras

Que nunca disipa benéfico sol.

 

Vuelves al árbol las flores

El perfume y el color….

¡Mas no das al hombre las flores perdidas!

¡Mas no le revives la muerta ilusion!

 

De mi fugaz primavera

Ten ¡oh tiempo! compasion,

Y deja que pueda llevar al sepulcro….

No mucho te pido… ¡tan solo una flor!

 

 Gertrudis Gómez de Avellaneda

(Camagüey, 1814 – Madrid, 1873)

 

 Fuente:

Poesías de la Exma. Sra. Gertrudis Gómez de Avellaneda. Méjico, 1852.

Viaje a Sarashina

marzo 19, 2014

Hiroshige_La luna reflejando los arrozales en Sarashina

El viento otoñal insufló en mi corazón el deseo de contemplar la salida de la luna llena sobre la blanca cima del monte Obasute. Esta escarpada montaña en la provincia de Sarashina era el lugar donde, en tiempos remotos, los habitantes de las aldeas abandonaban a los ancianos entre las rocas. Mi discípulo Etsujin, con mucha alegría decidió acompañarme, y también lo hizo un siervo enviado por mi amigo Kakei para que nos ayudara a atravesar los pasajes difíciles. El camino de Kiso que conducía a ese lugar, escarpado y peligroso, serpenteaba por laderas abruptas y altos peñascos. Como ninguno de nosotros tenía suficiente experiencia para esta travesía, sentimos la necesidad de ayudarnos mutuamente, pues cualquier descuido en aquellas alturas podía ser fatal. Este sentimiento nos trasmitió el coraje necesario para enfrentar esa magnífica  jornada.

En cierto  punto del camino, encontramos a un viejo monje zen, que parecía tener más de sesenta años, encorvado, sin aliento, con una mirada hosca, cargando un pesado bulto. Mis compañeros simpatizaron al instante con él y colocamos el fardo sobre mi caballo. Así, me vi sentado sobre un gran montón. En lo alto, centenares de blancas cumbres se erguían en las alturas del desfiladero y, a nuestra izquierda, un enorme precipicio caía, miles de metros de altura, en un burbujeante  torrente. El caballo iba tan inclinado por la ladera que no dejé de pensar que un pequeño descuido bastaría para despeñarnos.

Pasamos por los peligrosos estrechos de Kakehashi, Nezame, Suru-ga-baba, Tashitoge, y el camino, siempre sinuoso,  bajo  densa neblina y cortantes ventoleras, nos hacía sentir que estábamos andando entre las nubes. Dejé el caballo y preferí seguir a pie.  Estaba atontado por la altura y no lograba librarme del temor. El siervo que nos acompañaba, por el contrario, montó en el caballo y no parecía tener la más mínima idea del peligro: aletargado, cabeceaba y daba la impresión de que en cualquier momento caería al precipicio.

Me aterrorizaba verlo. Pero después  pensé que también nosotros éramos como este siervo, indefensos ante el peligro, sorteando los siempre mutables escollos de este mundo tormentoso, y que el Buda misericordioso seguramente sentiría en relación con nosotros, las mismas dudas.

Al crepúsculo llegamos a una pequeña cabaña en la ladera. Después de encender una lámpara, saqué papel y tinta, cerré los ojos e intenté recordar las impresionantes escenas que vi durante el día. El monje, al verme con la mano sobre los ojos pensó que estaba sintiéndome mal, y comenzó a contarme pasajes de su peregrinaciones, sutras y la historia de los milagros que presenciara en su larga vida.

Después de escuchar sus fantásticos relatos, no logré componer ningún poema. Entretanto, la luz radiante de la luna inundó la sala, bañando de plata el crepúsculo, entre el suave murmurar de las hojas. Sentí el vocerío distante de los aldeanos que perseguían ciervos salvajes  y la soledad del otoño, consumada en esa escena, colmó mi corazón.

Entonces dije: “Tomemos el té verde y espumoso bajo los brillantes rayos de la luna!” El dueño de la choza trajo algunas tazas. Las vasijas eran demasiado grandes para considerarse refinadas, toscamente laqueadas en oro, de modo que los refinados habitantes de la ciudad podrían dudar si tocarlas o no. Mas para mí, esas tazas azuladas, encontradas en tan remotos parajes, eran más preciosas que joyas con incrustaciones.

Pintar con laca
su redondez…
La luna en la posada.

Puente de tablas.
Las vides enroscadas
para salvarse.

Puente colgante.
Por él también pasaron
caballos imperiales.

Se aclara la niebla
En el puente colgante,
ni un parpadeo.

(Etsujin)

Poemas compuestos en el monte Obasute:

Llora
la sombra sola de la anciana.
Compañera de la luna.*

Décimo sexta luna.
Aún permanezco en la aldea
de Sarashina.

Tres noches vi
la luna llena
en el cielo sin nubes.

Graciosamente doblada,
cubierta de rocío,
la flor de ominaeshi.

Nabo blanco,
amargo
como el viento de otoño.

Castañas de Kiso
¿Serán buenos obsequios
para los aldeanos?

Poemas compuestos en el templo Zenkoji:

Bajo la luz de la luna,
cuatro puertas, cuatro sectas,
se vuelven una.

Avalancha de piedras
en el monte Assano.
Tempestad otoñal.

Matsuo Basho

* Traducción de Ricardo de la Fuente y Yutaka Kawamoto

Versión libérrima: JB

Un gran embuste

marzo 12, 2014

samuraiphoto

−¡Escuchen! ¡El otro día, cuando fui a las montañas, me tropecé con un inmenso jabalí y sólo atiné a agarrarlo por los cuernos.
−¿Qué dices? ¡Ningún jabalí tiene cuernos!
−Ah, es verdad. Lo sujeté por el rabo.
−¡Absurdo! ¡Son rabicortos!
−¿Entonces por dónde lo agarré?

Fuente:
Blyth, R.H:  Oriental Humour. Hokuseido Press. Tokio, 1959
Versión libre: JB


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