Luna estival (Comentario I)

Basho_by_Kinkoku_c1820

He aquí los comentarios al renku Luna estival . Es una traducción que hice del libro de Makoto Ueda: Matsuo Basho, The Master Haiku Poet. Kodansha America, Inc. 1983. La publicaré en cuatro secciones que se corresponden con la estructura clásica del género. Traduje a vuelapluma, sin otra pretensión que la de saber un poco más acerca de los orígenes del haiku. Ojalá que también a ustedes les resulte interesante. 

***

Entre las actividades literarias que Basho realizó en la última etapa de su vida, el renku Luna estival sobresale como una de las más finas. Fue escrito en el verano de 1690, cuando Basho disfrutaba de un descanso reparador en una estancia en el área de Kyoto, luego de su largo viaje al lejano norte. Dos de sus discípulos prominentes, Kyorai y Boncho, se unieron a él para componer este renku de treinta y seis estrofas. Kyorai, nacido en una familia samurai en Kyushu, había abandonado la servidumbre y por entonces llevaba en Kyoto una vida desordenada. Boncho, médico de profesión, era un discípulo reciente de Basho, pero rápidamente se había distinguido por su talento poético.

En la composición de Luna estival los tres poetas se alternaron para contribuir con sus versos aunque, como era usual, Basho era el líder y aconsejaba a sus compañeros de equipo. Boncho escribió el verso inicial:

Encima de la ciudad
llena con sus olores,
la luna estival.

El hokku presenta de manera impresionista una viñeta de la vida en una ciudad durante un cálido anochecer estival. Las calles atestadas, el aire saturado con los olores de todo tipo de cosas –pescado y vegetales cocidos, sudor, estiércol de caballo- todo lo que hace más cálido el anochecer. Por encima del tráfago y el bullicio, la luna fría y blanca flota en el cielo.

El verso inicial muestra un escenario amplio, en una escala que se extiende horizontal y verticalmente. El verso siguiente, compuesto por Basho, enfoca el suelo:

Encima de la ciudad
llena con sus olores,
la luna estival.

¡Ay, qué calor! ¡Qué calor!
murmuran en los portales.

El lector ahora se aproxima a una escena humana. El anochecer es tan caluroso y húmedo que la gente no puede permanecer dentro de sus casas; se sientan afuera para refrescarse. Mirando hacia arriba, ven la lejana, maravillosa luna.

Cuando Kyorai añade su verso al de Basho, la noche estival de una ciudad desaparece y, en su lugar, emerge un pueblo de campo:

¡Ay, qué calor! ¡Qué calor!
murmuran en los portales.

El segundo desyerbe
sin hacer, mas despuntan las espigas
en el arrozal.

Las plantas de arroz  han comenzado a espigar cuando los campesinos realizan el tercer desyerbe. Este año hizo tanto calor que el arroz creció inusualmente rápido y las espigas irrumpieron varias semanas antes. He aquí un agradable cambio de ambiente: de la maloliente ciudad al aire fresco del campo, de las imprecaciones y quejas citadinas a los murmullos los labradores que disimulan su regocijo.

Ahora, la cámara toma un close-up de esta escena campestre. El verso de Boncho:

El segundo desyerbe
sin hacer, mas despuntan las espigas
en el arrozal.

Le raspa la ceniza a su sardina
cuando la saca del fuego.

Los labriegos almuerzan. Están muy ocupados, es la temporada del desyerbe. Imposibilitados de tomar un largo almuerzo, comen sardinas, pues son fáciles de preparar. Uno de los labriegos toma una sardina del fuego y le quita las cenizas. La vida atareada en una finca se cristaliza en este acto.

Ahora es el turno de Basho. Tan pronto añade sus versos, nos ubicamos en la pequeña posada de un distrito remoto:

Le raspa la ceniza a su sardina
cuando la saca del fuego.

Quienes viven aquí
nunca han visto monedas.
¡Vaya comarca!

De veras es un lugar incivilizado. La propietaria de la posada asa las sardinas a la parrilla para el almuerzo de los viajeros, pero no usa una malla en el fuego y los pescados se queman. Para pagar su almuerzo, el viajero da unas monedas a la propietaria, quien las rechaza porque no sabe qué es eso. Asombrado, se queja para sí: “¡Vaya comarca!”

¿Quién podría ser este viajero? Su identidad es aclarada cuando Kyorai aporta sus versos:

Quienes viven aquí
nunca han visto monedas.
¡Vaya comarca!

Lleva el tipo a la cintura
una larguísima espada. 

El viajero representa un tipo peculiar de ciudadano que a menudo aparece en la literatura japonesa del siglo XVII. Un joven dandy, apuesto y bien vestido que presume de ganarse la vida trabajando con tesón. Lleva una espada excesivamente larga para ostentar su identidad y va de un lado al otro buscando una casa de juegos. Ahora, en esta remota fonda, se burla de esta comarca donde la gente es incapaz de reconocer una moneda, algo tan común para un jugador. 

(Continúa…)
 
 
 
 
 

 

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