del otro lado del mundo

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Por Paulo Franchetti

 No me imagino cuántos estudiosos de literatura brasileña habrán oído ya el nombre de H. Masuda Goga. El haicai estuvo de moda hace algún tiempo. Pero su asimilación se produjo principalmente por medio de escritores que no tenían un vínculo directo con la lengua y la cultura japonesa, como Guilherme de Almeida, Millôr Fernandez y Paulo Leminski. Hace apenas algunos años que surgieron los primeros estudios sobre quien es considerado el divulgador del haicai en Brasil, entre los inmigrantes: Nempuku Sato.

Nempuku Sato escribía en japonés y, en buena parte gracias a él, la tradición se mantuvo entre nosotros. Desconocida, la producción de haicais en japonés que tiene como tema la naturaleza y la vida en Brasil, aún espera por un trabajo serio y sistemático que la reúna, estudie y traduzca. Esto permitiría su divulgación más amplia en el país, así como el conocimiento de la lengua de los inmigrantes y algunos aspectos de su adaptación al clima, a la flora y la fauna de Brasil.

Masuda Goga fue discípulo de Nempuku Sato y trató de llevar adelante su tarea mientras practicaba el haicai en lengua japonesa. Sin embargo, no se limitó solamente a la práctica y promoción del haicai en su lengua natal. Amigo de Guilherme de Almeida y de Jorge Fonseca Junior, se dedicó también a la transposición del haicai tradicional a la lengua portuguesa.

La tarea no era fácil. El haicai no es solamente una forma fija. No es una especie de micro-soneto, una estructura en la cual se puede vaciar cualquier contenido. Es cierto que el “haicai” tiene una forma que, en la vertiente de Masuda Goga, tradicionalista, exige un gran dominio de la técnica y del lenguaje literario. Pero antes que ser una forma o el resultado de una técnica, el haicai es un modo de estar en el mundo, un modo de mirar las cosas. Un modo de estar en el lenguaje, en el sentido de que el estado del haicai supone la contemplación, la experiencia y la composición por impulso, según la impresión del momento. Más o menos como salir con una cámara para hacer fotos presupone un modo diferente de mirar las cosas o de acercarse a ellas.

El primer problema que se presentaba, a mediados del siglo XX, era comprender por qué caminos y con qué sentido el haicai había llegado al Brasil. No había aún ningún trabajo sistemático sobre esto, ni en portugués, ni en japonés. Goga se dedicó a reconstruir esa historia y finalmente publicó, en 1987, el volumen El haicai en Brasil, editado también en idioma japonés. En ese mismo año, junto a otros interesados, principalmente nisseis, fundó la primera asociación dedicada a la práctica del haicai en lengua portuguesa, el Grêmio Haicai Ipê. Mas tarde, en 1993, el Grêmio Caleidoscopio, dedicado a la producción de rengas (haicais encadenados) en lengua portuguesa.

Fueron años de dedicación a la tarea que le encomendó  su maestro. Goga, nacido en 1911, emigró al Brasil en 1929. Su trabajo con el haicai en portugués se extiende desde 1936 hasta 1987, cuando da por concluida la primera parte de su labor, con la publicación del libro y la fundación del Grêmio.

Aún quedaba mucho por hacer en aras de construir el haicai brasileño según los moldes japoneses.

El siguiente desafío era hacer la sistematización del repertorio de las estaciones en Brasil. Para el haicai tradicional, esto es un asunto serio. En Japón, la práctica prolongada consolidó relaciones unívocas entre algunos fenómenos, animales, plantas y actos humanos, por un lado, y los distintos momentos del ciclo de las estaciones por otro. La simple mención de un pájaro, por ejemplo, provoca en el poema asociaciones que configuran no sólo una estación específica, sino también un estado del espíritu asociado a ella tradicionalmente. El alma del haicai tradicional reposa en esas relaciones unívocas, ya que ellas proporcionan la base para el desarrollo particular de cada poema, a través de la glosa del estado del espíritu connotado, de su contradicción, de la anotación de una variante o, en los casos más radicales, de su negación por medio de la ironía o el chiste. En Japón, la codificación de esas relaciones es tan importante y clara que se organizan diccionarios de “kigos”, es decir, palabras que remiten a un momento determinado en la sucesión de las estaciones.

En Brasil, país de varios climas y de estaciones menos definidas, el “kigo” siempre fue un problema. Su sistematización, desde el punto de vista del haicai tradicional, era urgente. Pero el desafío era inmenso. Con ayuda de la haicaísta Teruko Oda, ese fue el próximo paso de Masuda Goga en la construcción del camino del haicai brasileño. Después de muchos años de labor, ambos publicaron finalmente el volumen Naturaleza – Cuna del Haicai (1996), el primer diccionario de “kigos” brasileños.

He ahí reflejados, a grandes rasgos, los hitos de la gestión de Masuda Goga. No está lo fundamental de su práctica cotidiana en la escritura y enseñanza del haicai, ni su estímulo a todas las iniciativas dirigidas a promover el arte. Como no está su participación indispensable en los Grêmios y en la organización de antologías en las que se fue recogiendo la producción brasileña y latinoamericana.

Por haber consagrado toda su vida al haicai, en el año 2004, Masuda Goga recibió en Japón el “Masaoka Shiki Internacional Haiku Grand Prize”, que es concedido a personas muy destacadas en la difusión internacional del haicai.

En este momento se preparan las actividades conmemorativas por el centenario de la inmigración japonesa que se celebrará en el 2008. Confío en que se le haga algún homenaje en el contexto de estos festejos. Sería justo porque él le dio continuidad, en portugués, a la misión que le dio a Nempuku Sato su maestro: ve a sembrar un país de haicai.

Pero el año del centenario aún está relativamente lejos. Las noticias que tengo sobre la salud de Goga no son malas, pero tampoco son buenas. De modo que, dentro de los límites de lo posible, vengo a rendirle este pequeño homenaje, y saludo en su figura a los demás discípulos de Nempuku, así como a aquellos que, a partir del trabajo de Goga, se iniciaron en la senda del haicai.

noviembre/diciembre, 2006

Paulo Franchetti es profesor titular del Departamento de Teoría Literária del Instituto de Estudios del Lenguaje de la Universidad Estatal de Campinas (Unicamp). Master en Teoria Literária (Unicamp, 1981), Doctor en Letras (Universidad de São Paulo, 1992) y Livre-Docente (Unicamp 1999). Desde 2004 es Profesor Titular.  Ejerce en el área de Letras, con énfasis en Teoría Literaria, Literatura Brasileña de los siglos XIX y XX y Literatura Portuguesa  del siglo XIX. Desde 2002, dirige la Editora de Unicamp, cuyo Consejo Editorial preside. Es autor del libro: O Haicai: a poesia do instante. El pasado año publicó Oeste (Nishi), volumen que reúne los haicais que escribió en los últimos quince años. La traducción al japonés de los haicais fue realizada por Masuda Goga poco antes de fallecer. 
Traducción del portugués: JB
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