Poesía y humor

Hokusai,_Hotei

El amor a la belleza que podemos ver por doquier en el arte y la vida japonesa, aún estrictamente hablando, es algo subordinado. La belleza es parte de algo mucho más extenso que podemos llamar significación. La significación incluye la fealdad. O más bien, trasciende lo bello y lo feo. Este fue el gran descubrimiento, o quizás la invención, de Basho. Para decirlo de un modo extremo: Japón nació con Basho en 1644. Fue él quien creó el alma de Japón. Él le enseñó al “monstruoso, extinto, árido mundo” que la poesía no es intelección, ni moralidad, ni belleza, ni emoción. En su verso más famoso, nada hay verdadero o falso, bueno o malo, ni belleza o fealdad, ni placer o dolor.

Furuike ya kawazu tobikomu mizu no oto

Un viejo estanque.
Se zambulle una rana,
ruido de agua.

Aquí apenas hay poesía, apenas es el sonido del agua. ¿De toda el agua? ¿De ésta solamente? No podemos decirlo. Pero es importante destacar la veta humorística. La rana es una criatura cómica. Vemos cuán esencial es que el humor logre actuar en sus dos planos: en el destructivo, al librarse de todas las huellas de sentimentalismo, hipocresía y autoengaño; y luego, provocar el regocijo frente a las cosas. Esto se da a entender en las palabras de Wordsworth que, según Daisetz Suzuki, están pletóricas de zen:

Todo lo que contemplamos
está lleno de gracia.

Este estado de gracia, este trascender la dicotomía de la vida ordinaria es poesía y humor.

Una Historia del Humor en Japón es casi la historia de la literatura japonesa. No sólo en el Kojiki y el Fudoki hay una gran cantidad de humor crudo y escatológico, sino en el Manyôshû podemos encontrar bastantes versos que fueron incluidos como poesía porque eran cómicos. Hasta en el Genjimonogatari, donde el romance y el sentimiento constituyen la antítesis de la poesía y de la risa verdadera, encontramos al final de Suetsumuhana, el relato en que Genji hace una pintura de una mujer con la nariz roja, y luego se pinta su propia nariz para complacer a la princesa. Makura no Sôshi está lleno de ingeniosidades; el Konjakumonogatari tiene muchos cuentos graciosos, por ejemplo, La Nariz, que Akutagawa Ryonosuke recontó. El Tsurezuregusa es cínico y sofisticado y, junto con el Kyôgen del siglo XV, conduce hacia el Kokkeibon y Sharebon (Relatos Cómicos) del siglo XVIII. Es importante anotar que el elemento humorístico casi siempre subyace en el haiku. En ocasiones alcanza una gran prominencia, como en Kikaku y Taigi. A veces es fuerte pero necesaria contrapartida de la acentuada tragicidad que aparece, por ejemplo, en los haiku de Issa. Pero es en el senryu donde el genio humorístico de los japoneses se despliega por sí mismo. Lo que el senryu ama más que a nada en el mundo es la verdad. Nada es tan sagrado como ella. Y debe ser la verdad completa. Matthew Arnold dijo algo que también puede decirse de Basho:

Mas los ojos de Wordsworth se apartan
de la  mitad de la fortuna humana.

El senryu observa esa otra mitad que el haiku omite. De ahí su sentido paródico y los desenmascaramientos que perpetra. El amor a la verdad es un elemento común en las pinturas de Brueghel, Hogarth; Goya, Daumier, Rousseau, y Klee; en la música de Bach y Mozart; en los escritos de Eckhart y Nietzche; en el Zen. Pero los japoneses sienten, con bastante razón, que la verdad puede ser mejor percibida con una actitud dulce y cortés; que hemos de acercarnos a las cosas tanto como nos sea posible y, sin embargo mantener cierta distancia. Otro aspecto es el de la pureza y la limpieza, que a primera vista parecen tener poca relación con la poesía y el humor. Una casa occidental puede no estar limpia y reluciente, pero aún así es el hogar-dulce-hogar. Una casa japonesa, cuando no está escrupulosamente limpia y pulcra, es justamente una pocilga. Tanto la poesía como el humor requieren delicadeza y sensibilidad, una refinada distinción que está profundamente relacionada con la diferencia entre la suciedad y la limpieza.

Fuente:
Reginald Horace Blyth (1898-1964)
Japanese Life and Character in Senryu. Hokuseido Press. Tokyo, 1960
Traducción a vuelapluma: JB.
 
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