Compartiendo experiencias (2 y final)

Ania Rodríguez Alonso_4 años

El trabajo con niños en la sala de clases (Viene de…)

La cita de varios elementos observados, en el mismo poema, fue otra cuestión que trabajamos arduamente a lo largo de los encuentros.
Acostumbraba a decir a los alumnos: imagina que tienes una máquina fotográfica en miniatura. Trata de localizar algunos objetivos (nube, flor, pájaro, montaña, mar, playa) lo más claramente que puedas. Escoge el que más te interese e intenta fotografiarlo. Concéntrate en él, sólo en él, y entonces escribe sobre ese objetivo que está en el foco de tu máquina. Después de que ése esté listo, escribe sobre todos los demás, pero siempre uno cada vez. Nunca todos juntos. Si no, me quedo sin saber cuál te gustó más…
Es obvio que los resultados serían muy distintos si pudiéramos observar la naturaleza directamente. No obstante, si consideramos las dificultades de las escuelas públicas en los grandes centros urbanos como Sao Paulo, no había otro modo…
A estas alturas había adoptado como estrategia el método de preguntas y respuestas, es decir, inducir al alumno a buscar (pensar) soluciones para los problemas que se presentaban. Al comentar los trabajos, siempre en forma de preguntas, procuraba mostrar qué faltaba o sobraba en el poema.
En el momento siguiente, pasé a establecer los temas para los próximos encuentros y los estimulé para que escribieran todos los días.
Al poco tiempo, con ayuda de la profesora de la clase, que corregía los errores y seleccionaba los mejores trabajos de cada alumno para mi evaluación semanal, la poesía fluía con mayor objetividad.
Con cada encuentro, el interés hacia la poesía se acrecentaba entre los alumnos. Algunos llegaban a escribir cinco, seis poemas por día. Percibí que estaban mágicamente envueltos en la tarea de investigar la naturaleza y que habían aprehendido el espíritu del “hacer poético”. Entonces llegué a la conclusión de que estaban preparados para entender qué es el haicai.
Leí algunos haicais premiados en concursos anteriores y les pedí su opinión: si gustaban o no, por qué, qué sintió o imaginó, si percibió lo que el autor quiso decir (mensaje del haicai). Pudimos emprender un maravilloso viaje a través de las respuestas que surgían alegres, divertidas, desenfadadas.
A través de esa experiencia, una vez comprendida la “postura filosófica” que debe orientar al haicaísta o a aquel que ama a la naturaleza, los niños no tuvieron grandes dificultades para aprehender o captar el mensaje que contenía el pequeño poema que, a esas alturas, ya sabían que se trataba del haicai, de origen japonés.
Pasamos entonces a la fase de componer haicais para el concurso. Pedí a los alumnos que participaran del evento como si fuese un juego de fútbol, por ejemplo. Les hice ver que igual que en una “pelada” a la hora del recreo, quien quiera participar del juego debe seguir las reglas establecidas por el grupo, si no, se queda fuera.
Dentro de ese espíritu, expliqué que si querían participar en el concurso, tendrían que aceptar las reglas establecidas por los organizadores. Una vez de acuerdo, pasamos a estudiar las reglas:
-Subordinar el asunto del poema al tema.
-Escribir en tres líneas (que ya sabían que se llamaban versos).
-Los versos serían de 5-7-5 sílabas respectivamente, o muy próximos a eso.
Las dos reglas iniciales fueron rápidamente entendidas y superadas. En cuanto a la tercera, aunque ya dominaban la separación gramatical de las sílabas, muchos tenían dificultades de aprendizaje y algunos, a pesar de nuestros esfuerzos, no conseguían percibir la diferencia.
Nuestra metodología para explicar la “elisión” y las “sílabas tónicas y átonas”, se basó en la técnica del conteo “rítmico” de los sonidos que emitimos al hablar (lenguaje común, cuando conversamos con alguien).
Varios ejemplos fueron escritos en el pizarrón y los alumnos se ejercitaban libremente, leían en voz alta y contaban con los dedos los sonidos emitidos.
Con buen entrenamiento y muchas carcajadas, las dudas fueron resueltas. Los temas propuestos por JAL en ese año fueron CIELO o MAR. Es decir, cualquier elemento (natural o no) que de alguna forma tuviera una relación/ligazón de existencia real y concreta con esos ambientes naturales.
Para explicar esta cuestión del “elemento de existencia real y concreta”, utilicé el siguiente ejemplo: Si un poeta (o uno de ustedes) quisiera escribir en el poema que su barco de sueños flota entre las estrellas, puede. Pero si lo que quiere escribir es un haicai, entonces no puede. Porque el haicai es el registro de un hecho, o de algo que sucede en la realidad: no sirve un hecho imaginado o inventado. Dada la amplitud del tema, los niños lograron descubrir, sin demora, los temas para sus poemas: arco iris, papalote, estrella, sol, luna, playa, caracol, cangrejo, pájaros, balsas, peces, etc.
Para la etapa mundial enviamos a Tokio cincuenta haicais. Ese año nuestros niños lograron igualarse a los de otros países, con diez poemas seleccionados y publicados por la Fundación JAL en una antología trilingüe (idioma del país de origen del niño, inglés y japonés). Los otros cuarenta haicais merecieron una atención especial de los organizadores y fueron publicados en un librito aparte, sólo en portugués.
Creo que el éxito se debe, sin dudas, a la dedicación diaria de la profesora. También, en buena medida, al hecho de que los niños no temen revelarse o dar a conocer sus sentimientos y se expresan con naturalidad, sinceridad y espontaneidad. Esto hace más fácil el acto de crear. Por otro lado, me doy cuenta de que los niños no se preocupan por escribir un buen haicai, lo que elimina las frases efectistas (afectación, artificialismo).
Así los haicais nacen limpios, con mucha ligereza, reflejando la simplicidad auténtica propia de los niños.

Nota
El presente texto fue rescatado a partir de unos borradores que encontramos, casualmente, mientras limpiábamos un viejo archivo. Es la respuesta a un cuestionario que nos hizo llegar Cristiane S. Namiuti, alumna de la Unicamp que, entre los años 97 y 98 desarrollaba una investigación en ésta área y, con ese motivo, frecuentó las reuniones del Grêmio Haicai Ipê. No sé si esta es la técnica más adecuada para hacer que los niños descubran el gusto por la poesía, en especial por la poesía del haicai. Pero debido a la frecuentes solicitudes de profesores que me preguntan sobre “la técnica de enseñar poesía”, decidí divulgar la experiencia en este espacio. Espero que el relato sirva de estímulo para que otras profesoras incursionen por los mágicos caminos del haicai.
24 de agosto de 2002

Teruko Oda

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