Primera lluvia invernal (4)

No. 31
Otoño

La puerta rústica:
al alforfón robado
dedica un waka.

Este poeta puede transformar todos sus problemas en poesía, viviendo en la ladera del Monte Hira a orillas del lago Biwa. Este es un waka de Chokei Sozu, compuesto al ver los bultos de trigo que su vecino le había robado:

El ladrón
Debió estar ataviado con un largo hakama
(Guardó el trigo en ambos lados-
Agarró los montones de trigo)
Y se escapó.

El fragmento entre paréntesis muestra un juego de palabras con soba wo torite. Hakama es una especie de falda-pantalón.

No. 32
Invierno

Vestido de algodón
en la tarde ventosa.

El poeta, que a través de la poesía se sensibiliza con la pérdida de los montones de trigo, también es sensible al frío, y se pone calientes ropas de invierno más temprano que los demás.

No. 33
No estacional

Duerme con otros,
y luego deja atrás
el hospedaje.

Basho describe, tras sus muchos años de experiencia, la vida miserable de un itinerante maestro de poesía en el Antiguo Japón.

No. 34
No estacional

El cielo está rojo aún:
vaharadas de los fuelles.

Esta luz roja de una fragua es lo que ve el viajero cuando se levanta temprano en la mañana después de pasar una incómoda noche en el alojamiento. Algunos piensan que “tatara” no se refiere a los fuelles sino a algún lugar, al norte de Fukuoka. Puede ser mejor tomarlo meramente como un adjetivo ornamental, otra manera de decir “el cielo ardiendo”.

No. 35
Primavera

En el taller,
monturas de caballo.
Cerezo en flor.

Continúa con lo que ve el viajero en los suburbios de un pueblo: un taller artesanal donde se fabrican monturas.

No. 36
Primavera

Entre las hojas mustias
del níspero, los brotes.

Esto ocurre también en el jardín del fabricante de arneses. El poema concluye en primavera, con un detalle de dicha estación.
Si releemos una vez más el renku sin los comentarios, descubriremos que permanece casi tan oscuro como antes. Esto se debe, parcialmente, a la inherente dificultad de este tipo de literatura, a nuestra falta de entrenamiento y  a que leemos con demasiada rapidez. En todo caso, estamos en presencia de un tipo de poesía colectiva en la que podemos ver cómo asumían la vida y la poesía cuatro antiguos poetas japoneses. Una parte de su valor radica precisamente en aquello que no podemos asir, en lo subyacente, en la interpenetración de las escenas y del hombre y la naturaleza. Fue esta la visión que nos aportaron Basho, Buson e Issa. No sólo es el origen histórico del haiku, sino que influyó decisivamente en el haiku que escribieron ellos y los otros poetas que siguieron sus pasos. Cada haiku nos trasmite cierto tipo de fluctuación, que no es lo mismo que vaguedad. Esta fluctuación lo hace menos estático, menos limitado. Vemos las cosas en sus múltiples relaciones y, al mismo tiempo, las vemos como objetos únicos.
Fuente:
R.H Blyth: Haiku. Vol. 1. Hokuseido Press. Tokyo, 1947

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