Archive for 27 febrero 2010

Frutos del invierno

febrero 27, 2010

En el habla de los dominicano/as existe (tal vez en vías de extinción) la palabra “marchante” para designar a un vendedor de frutos que en mi niñez en el Ingenio Quisqueya venía a caballo desde los campos y exponía sus mercancías en la plaza, los días sábado y domingo.

En la ciudad de Santo Domingo marchante era (o es) un vendedor que en la mañana recorría las calles en un triciclo con vegetales y frutos frescos. En la familiaridad del trato el vendedor llegó a nombrar a la compradora (pues normalmente eran mujeres quienes salían de la casa a comprar a la calle) “marchanta”.

Así que tenemos marchante (el que vende) y marchanta (quien compra). El término viene del francés, donde existe el “marchand de saison”, el mercader de las frutas de estación.

Cualquier persona medianamente sintonizada con la Madre Tierra no desperdicia momento de consumir los frutos en su estación, cuando son entregados con toda su vitalidad y son abundantes y asequibles.

***

Las naranjas, que han estado presente todo el año, ahora adquieren su mejor sazón y están más jugosas y baratas.

Las toronjas son el deleite del desayuno, con su sabor fuerte matizado con un poco de azúcar. Y las rosadas, un lujo de la vista, el gusto y el corazón, que siente la llegada de una nueva sangre.

Las mandarinas, unas más grandes y comunes, otras pequeñas y dulces, hechas de oro y cristal.

El limón dulce, dulce con un dejo de amargor, limpio, impecable, diamantino, para comer en compañía de los ángeles en días de dieta o ayuno.

Y, por los días de mi cumpleaños, el tangelo en sazón, con semillas pequeñas y una pulpa suave que se entrega complaciente.

A todos los trajo el invierno y los puso en la mesa con un lazo gigante de fresca brisa.

Tranquilidad.
En la pierna del monje
un gallo canta.

Rafael García Bidó
en Viento y bambú (enero 2008)

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Pinos (2)

febrero 25, 2010

Un rayo de luz entre los pinos
como un suspiro
del camino.

Ana Rosa Núñez
(La Habana, 1926-Miami, 1999)

Un regalo de despedida para Sora

febrero 23, 2010

Un regalo de despedida para Sora fue publicado en 1691, por Tachibana Hokushi (†1718), el tercer participante en este renku-kasen. La versión con las revisiones y comentarios de Bashô recopilados por Hokushi no fueron publicados hasta 1839. Hokushi se había unido a Bashó y a Sora en Kanazawa, durante el viaje que los dos últimos hicieron por las sendas de Oku. En un amanecer, a principios del octavo mes, en la fuente termal de Yamanaka, se sentaron  a escribir la secuencia. Antes, ya Hokushi había concurrido a cinco encuentros semejantes con Bashô y otros aficionados. Sin embargo, esta vez fue diferente: si en las reuniones anteriores Bashô apenas conocía a los participantes, ahora la complicidad de la amistad propició, entre otras cosas, que sus opiniones, sus enmiendas y sus perplejidades quedaran recogidas para la posteridad.
Disfrutemos hoy, sin glosas, este magnífico ejemplo de poesía colectiva.

***

En caballo alquilado,
sigue la ruta de las golondrinas
cuando nos despedimos.

Campos de flores que aturden
en un recodo del monte.

Qué bien: la luna.
Se quitan los hakamas
para luchar.

Al desenvainar la espada,
se detiene un instante.

En la profundidad azul
salta una nutria.
Ruido de agua.

Desmalezan el sendero de bambú
que va a la cima.

***

A la izquierda del monte
donde está granizando,
el templo de Suge.

Cuatro o cinco prostitutas
de ronda por la campiña.

En el grafiti,
el nombre de alguien
a quien adoro.

No se ha afeitado la cabeza,
aunque ya no come pescado.

Hacer hilos
con el loto resulta
pecaminoso.

Una pobreza ancestral
perdura en esta mansión.

Bajo la luna del alba,
obstinado, el maestro
de ceremonias.

Le quita el rocío al bambú
para hacer arcos de caza.

Brisa otoñal.
Hasta el niño silencioso
está llorando.

Blancas mangas desfilan
en el cortejo fúnebre.

Aroma de flores.
Construyen un pueblo
en la antigua capital.

El cofre de Genjô
guarda la primavera.

***

Tranquilidad:
todas las conchas son
de Shirara y Naniwa.

En ollita de plata,
perejiles asados.

Con el brazo como almohada,
limpia el polvo
de su regio lecho.

Escudriña, anhelante,
a la bella tras la máscara.

Kimono bordado:
un vendedor de incienso
del viejo estilo.

Fue, de  joven, mayordomo:
siembra ahora sus crisantemos.

Hasta dos gallinuelas
ofrecidas en bandeja,
son rechazadas.

Emocionado, hace un waki
sobre la luna creciente.

Monje novato:
dormita en un jergón,
durante el viaje.

Obata ya está muy cerca:
viento divino de Ise.

La viruela,
en su apogeo,
por Kuwana y Hinaga.

Con lluvia, sol, o nubes,
los dulces nísperos.

***

La figura gentil
de una diosa,
llena de gracia.

Escurriendo el akane*
entre las blancas olas.

Nakatsuna
ve todo como si fuera
el embalse de Uji.

Con la noticia parte
hacia el templo un mensajero.

Por divertirme
toco la campana:
se desparraman sobre mí las flores.

Un chiflado, un día de marzo,
en la densa oscuridad.

 

*Rubia akane. Planta vivaz, de la familia de las Rubiáceas. Originaria de Asia. Se cultiva por la utilidad de la raíz, que después de seca y pulverizada sirve para preparar una sustancia colorante roja muy usada en tintorería. (Nota de JB)

 

Fuente:
Hiroaki Sato
One Hundred Frogs. From Renga to Haiku to English.
Weatherhill. New York & Tokyo, 1983
Versión libre:JB

Pinos (1)

febrero 21, 2010

Desde mi patio veo
otros pinos, y siempre
son los pinos aquellos.

Fina García Marruz
(La Habana, 1923)

Instantánea

febrero 19, 2010

Liborio Noval*
(La Habana, 1934)
 

 

*Uno de los más importantes fotógrafos cubanos. ¡Esta imagen es un auténtico haiku sin palabras!

El tren que va a Toledo

febrero 17, 2010

Hoy, a las tres y cuarto de la tarde, cumpliré siete años. Papá me trajo un libro gordo que se llama Historia de España.

 -Te va a servir hasta que seas grande.

 Me subo, con el regalo, en la mata de guanábana. Demasiadas palabras. Pero por suerte también tiene figuras. Campos de trigo. Una aldeana. Palos de la Frontera. El Greco.

 A Toledo nunca lo imaginé así. Ni en la zafra, cuando el hollín cubre los muebles y el olor a melaza aleja el del galán de noche: castillos para gigantes.

 El central Toledo en España, dime tú. A punto de cumplir los siete y enterarme ahora  que España estaba ahí, tan cerca de mi casa.

Cañaverales
El silbato del tren
espanta al mulo

Caballo ciego

febrero 15, 2010

Come sólo un pedazo
del campo florecido:
caballo ciego.

Esto no es, no debe ser, patético. Incluso el contraste entre la ceguera y las maravillosas flores es artístico, no dramático. Es el no-sentimentalismo de la naturaleza.

Fuente:
R.H. Blyth
Japanese Life and Character in Senryu. Hokuseido Press. Tokyo, 1960

La estación del frío

febrero 11, 2010

Es el invierno la estación del frío. No es sólo el frío que también sienten los animales, sino el que acrecienta los sentimientos de los seres humanos; el frío cuyo hondo significado nos llega sólo en esos momentos de iluminación, cuando coinciden el miedo y la soledad, cuando descubrimos que la desconexión entre las cosas era sólo aparente.

En el Calendario Solar, el fin del año no coincide con ningún cambio natural, pero el viejo Calendario Lunar, en Japón, marca el inicio de la primavera. La luna invernal y la fría lluvia de los finales del otoño tienen un sentido especial en esta estación. La nieve en el invierno tiene el mismo rango de significación y variedad de tratamientos que los cerezos en flor en la primavera, el hototogisu en el verano, y la luna en otoño. Cuando los árboles están deshojados y los matorrales son una maraña agreste de marrones y grises, los campos y las montañas tienen un significado poético que el verdor de los otras estaciones desconoce. En Japón todas las hierbas mueren y cambian de color, lo que convierte al invierno en un tiempo de muerte, más que en otras latitudes. Los pinos, para decirlo de algún modo, parecen estar más allá de las estaciones. Chorlitos, búhos, águilas, las diferentes aves acuáticas y los peces son los únicos animales que se tratan. En cuanto a los árboles y flores, son las hojas caídas quienes nos proporcionan los mejores poemas.

Primera nieve:
las hojas del narciso
se están doblando.

Bashô

 

Más fría que la nieve,
esta luna invernal
sobre las canas.

Jôsô

 

Despertar, vivo,
en este mundo: ¡qué dicha!
Lluvia invernal.

Shôha

 

Nada se mueve
en el monte y el páramo.
Alba nevada.

Chiyo-ni

 

Un ave acuática,
hunde el pico en su pecho
y mientras duerme, flota.

Ginkô

 

Silencio: el rumor
de un pájaro caminando
sobre las hojas caídas.

Ryûshi

 

Ventisca en el monte.
El granizo se mete
en la oreja del caballo.

Tairo

 

Frío desolador.
Yace la basura
en el fondo del río.

Ichiku

 

Llovizna invernal.
Nadie dice nada
en el bote anclado.

Seisei

 

También las hojas
cayeron en la red.
Carpas de invierno.

Otsuji

 

Fuentes:
R.H. Blyth
Haiku (4 Volumes). Hokuseido Press. Tokyo, 1961
A History of Haiku. Hokuseido Press. Tokyo, 1964
Versión libre: JB

Término a prueba

febrero 10, 2010

Término a prueba
Instalación de la joven artista Katia Uliver,
en la muestra Esporas.
Pabellón Cuba. La Habana, 2010

Árbol sin hojas

febrero 9, 2010

Lentamente
se desplaza la sombra
árbol sin hojas

Wilay Méndez Páez
(Candelaria, Cuba)