Un regalo de despedida para Sora

Un regalo de despedida para Sora fue publicado en 1691, por Tachibana Hokushi (†1718), el tercer participante en este renku-kasen. La versión con las revisiones y comentarios de Bashô recopilados por Hokushi no fueron publicados hasta 1839. Hokushi se había unido a Bashó y a Sora en Kanazawa, durante el viaje que los dos últimos hicieron por las sendas de Oku. En un amanecer, a principios del octavo mes, en la fuente termal de Yamanaka, se sentaron  a escribir la secuencia. Antes, ya Hokushi había concurrido a cinco encuentros semejantes con Bashô y otros aficionados. Sin embargo, esta vez fue diferente: si en las reuniones anteriores Bashô apenas conocía a los participantes, ahora la complicidad de la amistad propició, entre otras cosas, que sus opiniones, sus enmiendas y sus perplejidades quedaran recogidas para la posteridad.
Disfrutemos hoy, sin glosas, este magnífico ejemplo de poesía colectiva.

***

En caballo alquilado,
sigue la ruta de las golondrinas
cuando nos despedimos.

Campos de flores que aturden
en un recodo del monte.

Qué bien: la luna.
Se quitan los hakamas
para luchar.

Al desenvainar la espada,
se detiene un instante.

En la profundidad azul
salta una nutria.
Ruido de agua.

Desmalezan el sendero de bambú
que va a la cima.

***

A la izquierda del monte
donde está granizando,
el templo de Suge.

Cuatro o cinco prostitutas
de ronda por la campiña.

En el grafiti,
el nombre de alguien
a quien adoro.

No se ha afeitado la cabeza,
aunque ya no come pescado.

Hacer hilos
con el loto resulta
pecaminoso.

Una pobreza ancestral
perdura en esta mansión.

Bajo la luna del alba,
obstinado, el maestro
de ceremonias.

Le quita el rocío al bambú
para hacer arcos de caza.

Brisa otoñal.
Hasta el niño silencioso
está llorando.

Blancas mangas desfilan
en el cortejo fúnebre.

Aroma de flores.
Construyen un pueblo
en la antigua capital.

El cofre de Genjô
guarda la primavera.

***

Tranquilidad:
todas las conchas son
de Shirara y Naniwa.

En ollita de plata,
perejiles asados.

Con el brazo como almohada,
limpia el polvo
de su regio lecho.

Escudriña, anhelante,
a la bella tras la máscara.

Kimono bordado:
un vendedor de incienso
del viejo estilo.

Fue, de  joven, mayordomo:
siembra ahora sus crisantemos.

Hasta dos gallinuelas
ofrecidas en bandeja,
son rechazadas.

Emocionado, hace un waki
sobre la luna creciente.

Monje novato:
dormita en un jergón,
durante el viaje.

Obata ya está muy cerca:
viento divino de Ise.

La viruela,
en su apogeo,
por Kuwana y Hinaga.

Con lluvia, sol, o nubes,
los dulces nísperos.

***

La figura gentil
de una diosa,
llena de gracia.

Escurriendo el akane*
entre las blancas olas.

Nakatsuna
ve todo como si fuera
el embalse de Uji.

Con la noticia parte
hacia el templo un mensajero.

Por divertirme
toco la campana:
se desparraman sobre mí las flores.

Un chiflado, un día de marzo,
en la densa oscuridad.

 

*Rubia akane. Planta vivaz, de la familia de las Rubiáceas. Originaria de Asia. Se cultiva por la utilidad de la raíz, que después de seca y pulverizada sirve para preparar una sustancia colorante roja muy usada en tintorería. (Nota de JB)

 

Fuente:
Hiroaki Sato
One Hundred Frogs. From Renga to Haiku to English.
Weatherhill. New York & Tokyo, 1983
Versión libre:JB
Anuncios

Etiquetas: , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: