Pinar del Río

El pasado miércoles, volví a Pinar del Río. Vueltabajo entrañable. Entre los mejores recuerdos de mi niñez están aquellas vacaciones en La Palma, pueblo donde vivía un tío de mi madre. Allí pesqué guajacones y soñaba escalar, cuando creciera un poco, un mogote muy célebre: El Colmillo de la Vieja.

Años después, en la Escuela Provincial de Arte me inicié como profesor. Pinté cada madrugada. Imprimí, con cucharas, decenas de grabados en madera. Hice mi primera exposición. Soporté incomprensiones y homenajes, conocí a personas maravillosas y me enamoré. ¡Cómo no querer un tiempo así!

Gracias a la Casa-Taller Pedro Pablo Oliva, a Aracely Sainz, a Silvia Oliva y David Horta, por la invitación y la cálida acogida. Y a Juan Carlos Rodríguez y Diana Gort: cuando la llovizna iba a impedir la conferencia, ellos abrieron las puertas del Museo de Arte para realizar el encuentro. Gracias a todos.

Seco maizal
Una vaca lamiendo
a su ternera

Seco maizal
En un poste, la vaca
se rasca el cuello

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