Una gota de tinta

Masaoka Shiki supo muy pronto que moriría joven. Para lidiar con la muerte, creó obras literarias en la que se sitúa como protagonista. En ellas enfrenta su propia mortalidad. Ante la ansiedad y el dolor, consideró un número limitado de soluciones: soñar o volverse loco, autodestruirse o dejarse arrastrar por la vorágine del trabajo. Aunque expresó el deseo de enloquecer, era demasiado racional para lograrlo. No obstante, parece haber tenido sueños en los que caminaba o incluso volaba con indolora libertad, o también encuentra un final deleitable. En Una gota de tinta (1901), el 24 de abril, escribió:

Anoche tuve un sueño. Llegué a un sitio donde había muchos animales. Uno de ellos se revolcaba tan agónicamente que tuve la certeza de que moriría. Un manso conejo se acercó a la bestia atormentada y le ofreció su pata. Con prontitud, el animal la atrapó con sus garras y la apretó entre sus fauces. En cuanto comenzó a besarla  alegremente, acabó su sufrimiento y murió como quien entra en un dichoso sueño. Entonces el conejo hizo lo mismo con otro animal que ya estaba delirando en su agonía. Y éste también se entregó a la muerte como si fuese un sueño placentero. He despertado de mi sueño pero nunca olvidaré a ese conejo.

Fuente:
Janine Beichman. Masaoka Shiki. Kodansha International. Tokyo, 1986
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