Siesta diurna

Siesta diurna
La mano ya no mueve
el abanico

Taigi

El abanico se alza suavemente y cae, se mantiene inmóvil por un rato, se eleva una vez más y, finalmente, se paraliza. En esta cesación hay un profundo sentimiento de fatalidad y acabamiento, de algo que termina y nunca será otra vez.

Fuente:
R. H. Blyth. Haiku. Vol. III. Hokuseido Press. Tokyo, 1952
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