Herbolario del poeta

El conocimiento de la naturaleza, también en la pequeña yema, cuando va a partir la cáscara; antes, cuando sólo es el deseo del tallo. Y el tallo derecho a su gajo, y el gajo a su flor, decidido, ciego.

Entrome en las humildes plantas, menudísimas, sin las vistosas formas. Ellas, las escondidas entre yerbajos y piedras, las no revestidas de gran gala.

Rápida nomenclatura: La adormidera de mota amarilla; se eleva apenas con sus hilos finos, que tejen un botoncillo cromo claro, casi invisible. Dormitando en la yerba la he ganado. A veces paso mi boca por ella, buscando la ciencia delicada del botón solitario. Y me quedan los labios con un velo de polvo vegetal. (Y asombro un poco, así, a la vuelta, a la gente seria que me sale al paso, que me juzga simplón y vetusto, un “no enterado”, todo porque tengo una arcaica musa que me pinta bigoteras de oro en mis paseos por el maniguazo.) ¡Ah, ingenuo!…

Yerba Americana:

Formando extendidos grupos crece al borde de los Chuchos y Cargadores del ferrocarril, entre los travesaños de la línea, en los bateyes de ingenio y en los sitios donde hay cruce de carreteras. La trajeron los ganados importados. Es de un verde pálido lleno de ligeras espinillas. Muy multiplicadas. Del troncuelo le nacen ramas de una sola hoja.

Dormidera:

Todas las hojitas forman un penacho partido en una marea de brazuelos verdes. Alertas, al menor roce se doblan, y fingen marchitez.

Deben ser tocadas al alba para verlas cerrarse y llorar por las puntas el rocío irisado.

Malvas:

Con breves flores, unas veces blancas y otras amarillentas, cubren los campos. Es la mata más común en la isla, la más fuerte y extendida de las pequeñas plantas de flor.

Hay variedades; unas tienen las hojas con puntas blancas y amarillas, y otras con un reverso coloraduzco.

Cundiamor:

Su penetrante olor lo denuncia en los cercados. Sus florecillas cromo-oro al ir cuajándose forman el fruto del mismo nombre. La frutilla es anaranjada, o amarillo subido, o rosa. Los pájaros la picotean y comen las semillas de un rojo púrpura profundo. Con ellas en la boca parecen, si son canarios, telas limón de puntos rojos. Los he visto en una pequeña poceta tranquila. Entonces los canarios con la frutilla en el pico copiados por el agua simulan nubajos amarillos con un sol rojo que alegra al cristal.

Túa Túa:

A veces alcanza media vara de alto; es casi un arbusto. Abren las túas túas sus hojas como apretados quitasoles, y juntan todas una vasta tienda de sombrillas. Curioso trabajo: la hoja suele abrirse como un paraguas, dividiéndose en otras hojas minúsculas. De su centro surgen nuevas divisiones similares que la rodean hasta muy bajo formando el quitasol rubio. Genio suave de las plantas.

Está moteada de blanco, ornada de apretadas bolitas, verdosas. Sus flores de dos escasos milímetros, forman diminutas y festivas campanas moradas, con corolas amarillentas.

Piña ratón:

Con otros niños formábamos a su amparo excitantes reyertas. Cada pedacito de sus largas hojas, armadas de espinas mil, debía contener una. Eran nuestros “gallos”, y por turnos, se iban hundiendo el afilado pico los unos en los otros. La gran maña consistía en encajar un “gallo” sobre otro con un rápido tiro, y rajarle luego sin despegar las espina.

Ella hace brotar su machetería afiladísima por caminos y linderos. Su flor es la más bella, de arquitectura perfecta; colores los más tiernos, de gama más hechicera; copa de gigante lila, ornamento de la savia extasiada y enorme fuente de flores.

Los frutos verdes forman macetas de ácido jugo. El tiempo, al madurarlos, los amasija y anaranja. Su centro brinda la única puerta, estrecha, a su fruterío porque los guardias de púrpura dejan caer sus machetes casi sin combate. Son las hojas largas, maduras.

Samuel Feijóo

(San Fernando de los Yeras, 1914–La Habana, 1992)

Fuente:                                                                                                                                             Samuel Feijóo: Caminante Montés (1955-59). Universidad Central de Las Villas. Dirección de Publicaciones. La Habana, 1962
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2 comentarios to “Herbolario del poeta”

  1. Silvita Says:

    Ay, qué lindo, cuántos recuerdos… de pronto sentí el perfume de las mariposas, después de la lluvia. Esta interné es lo máximo! 😉

  2. jorgebraulio Says:

    Silvita,

    ese es un don que tiene Samuel Feijóo, una gran sensibilidad para trasmitir los olores, los matices del campo cubano. Feijóo es un pilar indiscutible del haiku con sabor cubano.

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