Campo marchito

Tras despedirnos,
el cruzó la montaña
¡Campo marchito!

Buson

El poeta y su amigo andan por el sendero invernal, conversando o en silencio, barajando mil cosas. Tras despedirse, su amigo atraviesa la montaña y el poeta continua a solas. Cambia la faz de la naturaleza, la escena invernal se vuelve triste y monótona.  En ella, él solo ve muerte y separación. Muchos dirían que se trata de un  simple caso de asociación de ideas, pero la esterilidad, la falta de vida, también son objetivas. Solo cuando estamos conectados subjetivamente con algun aspecto de una cosa, es que podemos ver ese aspecto que tiene justificación objetiva. Mas ¿cómo podemos distinguir aquella objetividad de esta subjetividad? De la misma manera que Villaespesa en Animae Rerum:

Y en medio de este obscuro silencio, de esta calma,
Y no se si es la sombra la que invade mi alma, (sic)
O si es que de mi alma va surgiendo la sombra.

And during this obscure silence, this calm,
I know not if it is that the shadow invades my soul,
Or if it is from my soul that the shadow arises.

Esta pregunta no puede responderse y no debería formularse. Lo que está mal es la falta de algo, la ausencia de aquellos colores en la mente, ya que no nos permite verlos en el objeto. Si nuestras mentes están coloreadas de un modo particular, podemos ver esa cualidad (que realmente existe) en cuanto observamos. Dios lo mira todo con una mente impregnada de cada matiz, es decir, con

El resplandor brillante de la eternidad.

Como seres humanos podemos lograr esto de una forma limitada y en el poema citado no se intenta. El poeta expresa su experiencia, no como el simple registro de un estado de ánimo pasajero sino interiormente convencido de que hay una insondable correspondencia entre el sombrío pesimismo de la devastada escena invernal y el abatimiento que siente.

Fuente:
R.H. Blyth: Haiku. Vol. IV. Hokuseido Press. Tokyo, 1950
Versión Libre: JB

***

Para mayor disfrute de este comentario, he aqui el soneto de Villaespesa del cual Blyth citó el terceto final:

ANIMÆ RERUM

Al mirar del paisaje la borrosa tristeza
y sentir de mi alma la sorda pena oscura,
pienso a veces si esta dolorosa amargura
surge de mí o del seno de la Naturaleza.

Contemplando el paisaje lluvioso en esta hora
y sintiendo en mis ojos la humedad de mi llanto,
ya no sé, confundido de terror y de espanto,
si lloro su agonía o si él mis penas llora.

A medida que sobre los valles anochece,
todo se va borrando, todo desaparece…
El labio, que recuerda, un dulce nombre nombra.

y en medio de este oscuro silencio, de esta calma,
ya no sé si es la sombra quien invade mi alma
o si es que de mi alma va surgiendo la sombra.

Francisco Villaespesa
(Almería, 1877 – Madrid, 1936)

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Una respuesta to “Campo marchito”

  1. Barlo Says:

    Hay en toda esta explicación un principio plenamente taoísta que apela a los cambios, a la mutación; no en vano los propios haikus de Buson, están más próximos al taoísmo que a la virtud confuciana. “El paisaje cambia, nos cambia” Estímulo-respuesta (pero no en el sentido de causa y efecto); subjetividad confrontada al exterior = respuesta, el haiku.

    Con razón nos decían que Blyth era un comentador y divulgador magnífico…

    Salud

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