Archive for 28 febrero 2011

Silva Cubana

febrero 28, 2011

He aquí la nueva sección del blog En Clave de Haiku. Se llama Silva Cubana como homenaje a Manuel Justo de Rubalcava (1769-1805), autor de un poema homónimo en el que se ensalzan las frutas de Cuba. Los primeros mensajes serán fragmentos de esta obra fundacional de la literatura cubana, con una caracterización de los frutos que se mencionan en ellos. Conocer la flora autóctona, contrastar la diversidad de sus apariciones en la literatura y la poesía resulta fundamental para el desarrollo del haiku cubano. Que el paladeo sea con ustedes.

***

Más suave que la pera
En Cuba es la gratísima guayaba
Al gusto lisonjera,
Y la que en dulce todo el mundo alaba
Cuya planta esquisita
Divierte el hambre y aún la sed limita

Manuel Justo de Rubalcava
(Cuba, 1769-1805)

Guayaba.- Voz indígena. La fruta del Guayabo, que toma su denominación, según su variedad. Guayabo.- Hay tres especies de este vegetal El Cotorrero es un arbusto silvestre, comunísimo, ramoso-torcido, que no exede quince piés de altura; corteza mui lisa, gris; madera dura y flexible; hojas parecidas a las del Perú; flor como la del naranjo, de olor suave, dos vezes al año, cuyos botones en decocción se administran en las diarreas y flujos de sangre; fruto la Guayaba-Cotorrera, de figura esférica con coronilla, verde exteriormente y amarilla cuando madura, corteza gruesa y la carne rosada, llena de semillitas duras, agridulce: la comen todos los animales; de preferencia para la Cotorra; pero a los caballos suele ocasionarles Toroson*: su mayor uso es para dulce y las afamadas conservas y jaleas de Guayaba. La corteza hervida da tinta rosada. Aquí se anidan el Zorzal de patas coloradas y el Pitirri. (Psidium pomiferum.) –El Guayabo Blanco es una variedad que solo se distingue de la anterior por el color blancuzco de la parte interior de su Guayaba.- El Guayabo del Perú es mui parecido; hojas elípticas terminadas en punta, ásperas, coriáceas; flores blancas axilares; el fruto la sabrosa Guayaba del Perú, figura de pera, por dentro la carne blancuzca, con pocas semillas, ménos ácida y mui suave al madurarse. (Psidium pyriferum.) El grato aroma de las hojas del Guayabo incita a beber el agua que ha estado en su contacto: ellas y las raizes son astringentes, y se emplean en las disenterías, heridas, &c., como las Guayabas verdes; porque las maduras son laxantes. Fernandez y Jimenez trae el Guayabo Agrio, Arbol frutal abundante, madera color amarilloso parduzco y rojizo con vetas mui bonita ondulada que la hacen jaspeada, compacta, bien pesada, grano mui fino, preferida a todas las especies para obras delicadas que necesiten fuerza y elasticidad. De su fruta se hace mejor dulce que del Cotorrero por el casco más grueso y mejor sabor.

*Torozon: efecto repentino de atragantarse el animal con naranja u otra cosa que no puede pasar por el gaznate.

Fuente:Esteban Pichardo: Diccionario provincial casi razonado de vozes y frases cubanas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1976.

Cielo velado

febrero 26, 2011

cielo velado
¡en el poste de luz
brotaron ramas!

José Manuel Rodríguez
(La Habana, Cuba)

Fotografía: Ossain Raggi

Pesadumbre

febrero 25, 2011

Pesadumbre
Oscurece la lluvia invernal
las letras del sepulcro

Rôka

 La lápida está cubierta de verdes líquenes. Cae la fría lluvia, se desliza en hilos sobre el nombre de la persona muerta grabado en la piedra, y ésta se ennegrece. La tristeza del poeta es la que le permite “ver” este hecho, es decir, prestarle atención con el propósito de que su sentido, reflejado en su mente, halle reposo en su corazón.

Fuente:
R. H.Blyth: Haiku. Vol. IV. Hokuseido Press. Tokyo, 1951
Versión libre: JB

Fría mañana

febrero 22, 2011

Fría mañana
Hoy ninguna enfermera
ha sonreído

Febrero cercano

febrero 18, 2011

Febrero cercano se suma a su brevedad el breve de su epigrama. Sería aconsejable que cupiesen las fechas todas del carnaval en los días señalados de febrero. Buena parte de sus días se los lleva marzo, mes en el cual gravita la semana tremenda sobre la muerte y resurrección que entraña. Si Piñata, La Vieja, Sardina o Figurín se entremeten en marzo, temas opuestos de vértice se acercan y unen sus opuestas respiraciones. Febrero es mes de cola de sirena, de esqueleto de pez, de ave narigotuda, de máscara que ganó vida en el polvo novelesco de la guardarropía. Su brevedad subraya la brevedad de la embriaguez, los cohetes de Dionisos de un solo día para el desfile de fiebre provocada, de circular tumulto. Mes rodeado por la brevedad para que la alegría que lo recorre sea tensa y mantenida y no desperdiciada por el jadeo de la reiteración. Hecho para barrer de raíz las lejanías de los finales de año, su tendencia a las ramas tristonas, a los grises empapados y deshechos en una lluvia que cristalizó con dureza.

Si al carnaval nuestro se le sumasen las comparsas, si lograse que estas se deslizaran no entre espectadores, sino que el pueblo participase sumado al gran río central de las comparsas, se tendría algo de la magnitud de los carnavales en Río de Janeiro. Días de los carnavales en los que nadie debe ser espectador, sino todos participando en la gran ronda que suma como una diosa de innumerables palpos. Se ha logrado dualizar lo que desde el principio debió fundirse en corriente mayor y central. Llevar el carnaval y la comparsa a un solo ritmo de percusión y desgarro del cornetín, amalgamándolo en su nebulosa de misterio, en la formación de un oleaje que a todos arrebate por igual. Innumerables danzantes enmascarados, islotes de la orgía, brotados de cada barrio, de la extraordinaria diversidad, deben ir acompañando las comparsas como las candelas marchan hacia la hoguera y el fuego se tiende en el fuego.

José Lezama Lima

Fuente:
Tratados en La Habana. Editorial Letras Cubanas. La Habana, 2009

Una Amakuni

febrero 15, 2011

-¡Es una Amakuni,
no la desenvaines!-
Y el criado se levantó.

Amakuni fue un excelente forjador de espadas del siglo VII. Sus espadas eran tan buenas que, según se decía, cada vez que eran desenvainadas comenzaba a llover. El criado de un guerrero fue a sacar la de un compinche que estaba tendido, borracho, bajo las flores de cerezo, pero este el último se levantó apresuradamente y le espetó esa graciosa excusa, quizás para impedir que descubrieran que su arma era de madera.

Fuente: R.H. Blyth. Edo Satirical Verse Anthologies. Hokuseido Press. Tokyo, 1961 Versión Libre: JB

Flor de durazno

febrero 14, 2011

Flor de durazno
El olor a ungüento
en sus espaldas

Otro destello

febrero 10, 2011

Otro destello
La piedra azul temblando
bajo las aguas

Fotografía: Glenda Salazar

Un viento glacial

febrero 8, 2011

Un viento glacial:
De pronto el caballo tropieza
En el camino de vuelta a casa.

Buson

Cae la tarde. El viento frío, borrascoso, sopla a lo largo del camino. Un caballo viejo, delgado y huesudo, acelera su paso cuando se acerca al pueblo. Repentinamente tropieza con una piedra en el suelo irregular. Y esta emoción tiene algo que ver con el significado del poema. A veces, en algunas circunstancias, bajo ciertos estados de ánimo, la rotura de un plato o incluso de la punta de un lápiz -hechos fortuitos- provocan que en un instante sintamos toda la tragedia de la vida, su inutilidad, su constante peligro, la precariedad de la felicidad,  la hostilidad de la naturaleza, la cólera de Dios, la aniquilación final del universo. La estrofa anterior  surge en uno de estos momentos. Si hablamos del cansancio del caballo, de su delgadez y de su hambre, aun queda un largo camino por recorrer: esto es moralidad, podría ser sentimentalismo, pero no es la poesía. El verdadero pathos del caballo emerge cuando está en su cuadra oscura, comiendo su comida vespertina, los ojos luminosos entrecerrados. Son las ilusiones, las esperanzas, las que resultan trágicas, no el desánimo y la desesperación. La gratitud de los hombres es la que nos hace llorar. Pero el súbito tropezón del caballo tiene, en esta estrofa, un significado poético en virtud de su misteriosa relación con las violentas ráfagas que sacuden sus crines y su cola. Cuando el caballo tropieza, despierta un sentimiento que está muy por encima de la piedad y el temor, aunque brota de ellos y no puede existir sin ellos. El tropezón nos causa un placer hondo y doloroso que es, en sí, el espíritu poético.

Fuente:
R. H.Blyth. Haiku. Vol IV. Hokuseido Press. Tokyo, 1952
Versión libre: JB
Traducción del haiku: Alberto Manzano y Tsutomu Tagaki

La brisa muda

febrero 4, 2011

La brisa muda
Va y viene el moscardón
de la enramada