Una Amakuni

-¡Es una Amakuni,
no la desenvaines!-
Y el criado se levantó.

Amakuni fue un excelente forjador de espadas del siglo VII. Sus espadas eran tan buenas que, según se decía, cada vez que eran desenvainadas comenzaba a llover. El criado de un guerrero fue a sacar la de un compinche que estaba tendido, borracho, bajo las flores de cerezo, pero este el último se levantó apresuradamente y le espetó esa graciosa excusa, quizás para impedir que descubrieran que su arma era de madera.

Fuente: R.H. Blyth. Edo Satirical Verse Anthologies. Hokuseido Press. Tokyo, 1961 Versión Libre: JB

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