Jardín Japonés

Mi padre me ha traído a esta casa porque dice que veré un jardín mágico; yo creo que es por la mujer de los pies pequeños de los cuales no aparta la vista, pero no digo nada y asiento para complacerle. Ahora siempre está tan triste…

 Me sorprende ver tantas piedras grandes y redondeadas; blanquecinas, marrones, o con vetas rosadas y verdosas, que van desde la entrada de la casa, bordeándola, hasta la parte trasera…

 Pido permiso para quedarme afuera y voy hasta donde comienza el camino de piedras. No sé por qué piedras en vez de un piso liso; pero en verdad es entretenido ir saltando sobre ellas, quizá para eso sirvan cuando llueve, o para que no se ahoguen las hormigas…

En un solo pie
una flor distinta
en cada piedra

Sigo buscando los misterios y juegos que puede haber en este jardín. Los árboles, con sus formas y colores, parecen desde lejos un arcoíris.

 No sabía que los árboles hablaban; quizá mi padre tiene razón y aquí hay magia. A éstos, los escucho susurrar de la mujer que los cuida, del viento que les refresca al mediodía o los despeina en el otoño, o la brisa ligera que hace bailar sus hojitas y adormece a los lagartos; de la fina llovizna que les cosquillea, o los aguaceros de mayo que limpian sus hojas y hacen cantar a las ranas; de los días de tormenta, con rayos que asustan a los animalitos que vienen y se esconden entre sus temblorosas ramas.

 Así, entre murmullos, llego a la parte trasera de la casa. Hay un farol ancho y bajo, junto a un estanque hecho con piedras. Dentro, crecen unas plantas que parecen sombrillas muy largas y otras, con hojas que flotan, tienen flores malvas y blancas. ¿Será muy profundo?

Solo el sonido
del agua al caer
el fruto rojo

Se zambullen tres ranas que no había visto. Al rato sale una y se trepa en una hoja; es muy cómica y me rio sola.

Un ojo en mí
el otro en un bicho
la rana quieta

Se está haciendo de noche, nunca había visto esconderse el sol tan bonito.

Jardín en rojo
se escucha el canto
de los insectos

Por una ventana siento un quejido. La voz de mi padre. Me asomo y lo veo acostado en el piso: la mujer camina lentamente sobre su espalda; luego, se arrodilla a su lado, pone las manos sobre su cintura y las retira. Espera así un ratico y se levanta. Mi padre, tras ella, le da las gracias con una sonrisa.

 Merendamos. Ellos conversan con palabras complicadas, quiropraxia, cosas de mayores; mientras, pienso lo que haré cuando sea grande: Ahh, cuando sea grande… ¡Seré maga de jardines y caminante de espaldas!

María Elena Quintana

(La Habana, Cuba)

Anuncios

Etiquetas: , ,

4 comentarios to “Jardín Japonés”

  1. leti sicilia Says:

    ¡Qué hermoso! Una delicia para los sentidos leerlo. Gracias.

    Un abrazo.

  2. Rafael Garcia Bido Says:

    Excelente, Maria Elena. Excelente.

  3. ROSALBA Says:

    Que agradable lectura! Gracias!

  4. Ulises Says:

    Muy agradable lectura al comenzar mi mañana.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: