Labrando el campo

Labrando el campo
Desde el templo entre árboles,
las campanadas fúnebres

Buson

Su pintoresquismo, su tenue melancolía, nos recuerdan El Ángelus y

El toque de queda, el toque de difuntos el día de la partida.

El cultivo del campo y las campanadas en la misa por el descanso de algún alma que parte, tienen una conexión profunda, inexplicable. Cada golpe de azada, cada tañido, tienen un significado insondable que es el mismo, a pesar de que son diferentes.

Sin saber
que es un lugar famoso,
un hombre cava el campo.

Shiki

Aquí la esencia poética está en la superposición de dos mundos: el de la inocencia y el del conocimiento. El hombre que cava el campo no sabe o no recuerda que aquí se libró una gran batalla, que el curso de la historia cambió y su propia vida fue posible. A su manera, el poeta también labra, pero el suyo es un campo más grande, más pletórico, más viejo que el del campesino.

Fuente:
R. H. Blyth: Haiku. Vol. II. Hokuseido. Tokyo, 1950
Versión libre: JB
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3 comentarios to “Labrando el campo”

  1. Barlo Says:

    Qué maravilla, ¿verdad? No he podido evitar el recuerdo del último párrafo de “La Rama Dorada” de James G. Frazer:

    “Nuestro largo viaje de descubrimiento ha terminado y nuestra barca
    arría al fin su cansado velamen en el puerto. Una vez más tomamos el camino a Nemi. Está cayendo la tarde y mientras subimos la larga cuesta de la vía Appia hacia las colinas Albanas, miramos atrás y vemos el ciclo encendido en la puesta del sol, iluminando a Roma con su resplandor dorado como la aureola de un santo agonizante y prestando una corona de fuego a la cúpula de San Pedro; visto una vez, nunca puede olvidarse. Pero volvamos la espalda y sigamos nuestro camino, que va oscurecién- dose a lo largo de la falda montañosa hasta llegar a Nemi, y tendamos la mirada, allá abajo, hacia el lago, dormido en su profundo socavón, que ahora desaparece rápidamente entre las sombras del anochecer. El lugar ha cambiado poco desde que Diana recibía el homenaje de sus devotos
    en el bosque sagrado. Es verdad que el templo de la diosa de la selva ha desaparecido y que el rey del bosque ya no está de centinela ante la Rama Dorada. Pero los bosques de Nemi todavía son verdes y cuando el crepúsculo va decolorándose por el Oeste, llega a nosotros, llevado en las alas del viento, el sonido de las campanas de la iglesia de Aricia, llamando al Ángelus. ¡Ave María! Su tañido llega, dulce y solemne, del pueblo distante y va amortiguándose por las extensas ciénagas de la Cam- pania. Le roi est mort, vive le roi! ¡Ave María!”

    Un saludo desde el Levante Mediterráneo

  2. Juan Carlos Durilén Says:

    Admirable, Jorge Braulio.
    Una bella presentación. La estampa, los haiku escogidos, el texto que los aproxima y los distingue, a un tiempo.
    Recogimiento y profundidad.

    Gracias, una vez más.

    Desde mi otoño, un abrazo.

  3. ROSALBA Says:

    Hermosa entrega! y es que esta seleccion de Shiki y Buson, y esa bella imagen, se unen en mi en un solo campo…famoso…en el un hombre trabaja sin saber esa historia y desde el cual escucha las campanadas funebres, momento en el cual se detiene y ora…Preciosa entrega! Gracias mil!

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