Archive for 30 junio 2011

Qué resolana

junio 30, 2011

Qué resolana
Dejaron en las piedras
tres cocos secos

Esa alarma generosa

junio 28, 2011

En mayo de este año. el escritor cubano Alpidio Alonso-Grau recibió el “Premio Samuel Feijóo de Poesía sobre el medio ambiente”. Se trata de un galardón que concede la Sociedad Económica de Amigos del País, institución fundada el 15 de diciembre de 1792 por el rey Carlos IV de España. En sus palabras de agradecimiento, el poeta laureado nos habla de José Martí, Samuel Feijóo, la poesía cubana de la naturaleza y el haiku. Enhorabuena.

***

Palabras de agradecimiento pronunciadas en la ceremonia de entrega del “Premio Samuel Feijóo de poesía sobre el medio ambiente”. SEAP.

Quiero, muy brevemente, expresar algunas ideas:

Primero, agradecer a la Sociedad Económica de Amigos del País y a los organizadores de este premio el haber tomado en cuenta mi trabajo dentro de la poesía para honrarme con un galardón que lleva el nombre de uno de los poetas cubanos que más admiro. Al propio tiempo, es para mí una gran satisfacción recibir este premio de parte de una institución de tanto prestigio, cuya labor secular dentro de nuestra cultura está asociada a la defensa y el fomento de valores que constituyen esencia de nuestro ser nacional, mucho más cuando se cumple hoy otro aniversario de Felipe Poey que, aunque no suele decirse fue, además de un gran científico, un notable poeta.

En segundo lugar, quisiera aprovechar la oportunidad que me brinda esta ocasión, para subrayar, una vez más, el vínculo profundo de nuestra poesía con la gran diversidad de elementos que conforman la naturaleza y el entorno en que ha vivido el cubano. Si hay un tema que atraviesa a la poesía de la Isla, desde sus inicios hasta nuestros días, es aquel que la sujeta a su realidad, dentro de la que el paisaje y “las bellezas del físico mundo” han sido cantadas y exaltadas por los poetas con la misma pasión con que –desde los albores de la nación hasta hoy- han denunciado en sus versos “los horrores del mundo moral”. Uno y otro tema recorren juntos el camino de nuestra poesía que es, a la vez, el de nuestra historia, sin que sea posible ya desligar uno del otro. En el tránsito hacia esa definitiva posesión en que el paisaje dentro de nuestra poesía pasó de ser solo “naturaleza” hasta convertirse en “espíritu”, se fue haciendo, también, la Patria.

En la poesía (y en la obra toda) de Samuel Feijóo asistimos siempre a un paisaj ehabitado, humanizado en las visiones desdibujadas e intensamente humanas de este gran poeta que, a la par, habría de ser durante su vida andariega un sensible y acucioso “pensador silvestre”.

En ese sentido, ningún otro poeta cubano me resulta tan cercano al José Martí desvelado en la intemperie misteriosa de su campamento en la manigua insurrecta por “la noche bella, (que) no deja dormir”, a ese mismo soldado mambí que en una línea de su diario (en cuyas contadas sílabas: 5-7-5, he querido ver la miniatura maravillada de un Haiku) anotó apresurado: “De un curujey/ prendido a un jobo, bebo/ el agua clara. O aquella otra, más conocida, e igualmente repartida en 17 sorprendentes sonidos: “Lola, jolongo, /llorando en el balcón./ Nos embarcamos”.

Identifico asimismo en ambos, un sentido de la piedad ante la fragilidad y el dolor, que los une en un mismo conmovedor humanismo: El del Martí que se pregunta perturbado en su diario de campaña “¿cómo es que no me inspira horror la mancha de sangre que vi en el camino?, o el del que anota al vuelo, como para que no se le escape, en el margen de ese mismo cuaderno, ante “el grave momento” de la muerte del traidor Masabó, una observación que solo un poeta podía hacer: “Cuando leían la sentencia, al fondo, del gentío, un hombre pela una caña”.

Ese mismo enternecedor sentimiento es el que encuentro en los versos cortados de aquel Feijóo inconsolable ante la muerte de la guajira Nieves,” (…) en la Güinera, lejos de sus campos, donde cantó y jugó de niña. Casó con Juan Liriano, machetero de la caña, más que amigo, mi hermano. Cuántas veces me preparó la sopa, remendó mi camisa. Su mirada humilde, su sonrisa tan buena, ya no son. Escondida en tu fosa, mi amor, solo unos pocos te lloramos. ¡Eras tan humilde, heroica madre pobre, con las manos peladas de la lejía, y el rostro rojo del constante fogón! Contigo muero más y más”(…)  O el de aquella página confesional de su “Himno a la alusión del tiempo” en que llega a decir: “si mi amor soy yo, lo cual es mi verdad, la locura de mi amor es la mía. La acepto, la comparto. Y esto solamente lo entenderá, solamente, quien sea poseído por un amor inmenso como el mío”. Impresión similar me producen aquellos versos de sus últimos libros en los que, acaso como en ninguno de los anteriores, se advierte (como muy atinadamente observara Cintio) esa “hambre” suya por las criaturas con que ha decidido quedarse: “sus pájaros, mariposas, abejas, cocuyos, monos, burros, vacas, chivos, lagartijas, (…), niños, ancianos, gentes buenas, héroes sencillos”, donde, tal como en su monumental Faz, “encontramos (y en esto coincido igualmente con Cintio) el mayor testimonio que tenemos del amor de un poeta cubano, después de Martí, a los pobres de su patria”.

Quisiera terminar, evocando una anécdota narrada por uno de los grandes compañeros y discípulos de Feijóo en sus interminables andaduras por los campos cubanos. Me refiero al recientemente fallecido poeta e investigador villaclareño René Batista Moreno, a cuya memoria quisiera dedicar este premio, quien en su libro “Los bueyes del tiempo ocre”, refiere lo siguiente:

“Una tarde salimos Feijóo y yo de Camajuaní por la línea de ferrocarril que va a Caibarién y vimos en ella dos palomas que, pese a que nos acercábamos, se mantenían muy quietas. Feijóo cogió piedras y se las lanzó. De inmediato emprendieron vuelo. Como me extrañó tanto aquella actitud, le pregunté cómo era posible que un hombre como él, que amaba tanto la vida, hubiera querido matar a aquellas palomas. No dijo nada, continuó caminando, muy silencioso. Luego se volvió hacia mí y me dijo:

-Para que sientan miedo del animal más depredador del mundo. El que mata a veces por el placer de matar. Lo hice para que desconfíen, para que no dejen acercarse a nadie. Quería asustarlas. Las salvé”.

Má  que cualquier otra cosa, hoy me interesa decir, con Feijóo, que la poesía en estos tiempos bien puede ser esa alarma generosa que nos prevenga y resguarde de la barbarie. Y que de todos los goces que proporciona, ninguno se compara al del efecto de esa pedrada bienhechora, que ayuda a que despierten y se alcen a su revoloteo incomparable las alas de la belleza, la esperanza, la vida.

AlpidioAlonso-Grau
LaHabana, 26 de mayo de 2011

Madrugada

junio 27, 2011

madrugada
me he mordido la lengua
por cuarta vez

José Manuel Rodríguez
(La Habana, Cuba)

En la inopia total

junio 26, 2011

Mazushisa mo amarino hate wa warai-ai

Aunque se encuentran
en la inopia total,
ríen a dúo.

Kijirô

Los extremos se tocan; un exceso de júbilo provoca llantos. Aquí, la miseria excesiva alegra a las personas. El marido y la mujer son tan pobres como ratones de iglesia. Pero la esposa comenta que de todos modos no tienen que asustarse por los ladrones, y el marido responde:
-Quizás venga un ladrón y, accidentalmente, se le quede algo.
Y se rieron mucho.

Ilustración: Sobun Taniwaki (†1947)
Fuente:
R. H.Blyth. Senryu. Japanese Satirical Verses. Hokuseido. Tokyo, 1949
Versión Libre: JB

Verano

junio 24, 2011

  

    El verano en las islas está hecho de una sustancia radiante que impregna el cielo y el mar, el aire, las piedras, las arenas.
     Es un combustible del corazón, una vivacidad que se respira.
     Pero en semejante luz viviríamos lo que las mariposas de San Juan.
     Entonces, para preservarnos de la expansión desmedida y del vértigo, la naturaleza dispuso la lluvia abundante y sobreabundante.
     Y al azul purísimo del cielo sin nubes añadió toda clase de fenómenos atmosféricos: vaguadas, tornados, ondas tropicales, tormentas, ciclones, huracanes.
     Así el verano es la estancia del sol, de la luz, del cielo despejado y del cielo encapotado, de la lluvia que inunda, del viento que destroza. Todo mezclado. Y en demasía.

Llega el verano.
Mis pijamas son cortas
desde esta noche.

Rafael García Bidó
(Santo Domingo, República Dominicana)

Nido en el plátano

junio 22, 2011

Nido en el plátano
La mitad del racimo
ya maduró

Platanal
En un racimo hecho
pichones emplumando

El río Mogami

junio 20, 2011

El río Mogami
arrastró al sol ardiente
hasta el océano.

Bashô

¿Es verdadero, es decir, poético? ¿O es solamente fantasioso, es decir, falso? ¿Puede una cosa ser poética aunque de hecho sea una falsedad? Debemos considerar el significado de hecho, sin ser jesuitas o sofistas, sin escamotearle a las palabras todos sus significados. Está claro, ante todo, que el hecho  que se asevera en este poema no es que el sol, arrastrado por el río, en realidad se haya extinguido en las aguas del mar. ¿Entonces cuál es la verdad que aquí se declara? No es la ornamentación de una mentira, ni un truco de palabras; no es la invención de un maravilloso mundo poético hacia el cual nos escapamos de la realidad. Sobre todo no es una asociación intelectual de contrarios de los cuales escogemos algunas características idénticas y rechazamos todas las diferencias. ¿Y entonces qué? Desde tiempos antiguos a usted le dijeron: El río fluye incesantemente y, día tras día, el sol se hunde en el horizonte. Pero yo le digo:

 

El río Mogami
arrastró al sol ardiente
hasta el océano.

Fuente:
R. H. Blyth: Haiku. Vol. III. Hokuseido Press. Tokyo, 1957
Versión libre: JB

Cuando el maestro

junio 19, 2011

Cuando el maestro
se vuelve al pizarrón,
bosteza

Isan

El maestro, como el clérigo, debe mantener las apariencias y ocultar su aburrimiento, si no difícilmente podría regañar a los alumnos por sus distracciones y amodorramientos.

Fuente:
R.H. Blyth. Senryu. Japanese Satirical Verses. Hokuseido Press. Tokyo, 1949
Ilustración: Sobun Taniwaki († 1947)
Versión Libre: JB

Anochecer

junio 17, 2011

Anochecer
Quebró su propio gajo
una guanábana

Cambio de ropas

junio 14, 2011

Toshi toeba   katate dasu ko ya   koromogae

Con una mano
nos dice su edad
Cambio de ropas

Kobayashi Issa

Versión libre: JB