Archive for 27 octubre 2011

Luna llena

octubre 27, 2011

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Luna llena
Vagué en torno al estanque
toda la noche

Bashô

Podemos comparar esta estrofa, escrita en su propia cabaña, con dos poemas compuestos por Hakurakuten en su residencia oficial de Koshû. Él tiene un pequeño estanque construido en su jardín, para disfrutar a su vera del frescor vespertino.

El pequeño estanque

1

Por el día, el salón es insoportablemente caluroso;
¡Qué refrescante el pequeño estanque durante la noche!
El sol vespertino, que brilla en el bosque, ahora se hunde;
Cerca del agua, el frescor.
Tomo un abanico de una hoja del hôki y me arrellano;
Canto en voz baja uno o dos poemas.

2
Lo que anhelaba no era gran cosa:
un cuadrado de no más de diez pies de agua.
De las hojas de loto caen las claras gotas de rocío;
Florecen las lentejas de agua, los peces nadan a su antojo.
Ya sentado, los miro fijamente,
Pienso en mi retiro en una cabaña de ese valle silencioso.

También en un poema titulado El Loto Blanco, encontramos estos versos:

En la honda noche, cuando todos los monjes dormían,
Me levanté para deambular, a solas, alrededor del estanque.

Hay un pasaje en Walden que nos da una pista sobre el estado de ánimo de Bashô cuando paseaba por las orillas del lago:

Cuando recorro a solas, en mangas de camisa, la orilla pedregosa de la laguna, aunque haga fresco o esté el día nublado y ventoso, y no vea nada atractivo en especial, todos los elementos me resultan inusitadamente simpáticos. Las ranas toro dan lo mejor de sí para inaugurar la noche, y la nota del chotacabras se sostiene en el viento que se riza sobre el agua. La afinidad con el ondeante aliso y las hojas de álamo casi me quita el aliento: sin embargo, igual que el lago, mi serenidad se encrespa pero no se desordena.

Fuente:
R.H. Blyth: Haiku. Vol III. Hokuseido. Tokyo, 19–)
Versión libre: JB

La Flor de Ochín

octubre 25, 2011

Kakemono

octubre 21, 2011

Hastiada de reinar con la hermosura
Que te dio el cielo, por nativo dote,
Pediste al arte su potente auxilio
Para sentir el anhelado goce
De ostentar la hermosura de las hijas
Del país de los anchos quitasoles
Pintado de doradas mariposas
Revoloteando entre azulinas flores.

Borrando de tu faz el fondo níveo
Hiciste que adquiriera los colores
Pálidos de los rayos de la Luna,
Cuando atraviesan los sonoros bosques
De flexibles bambúes. Tus mejillas
Pintaste con el tinte que se esconde
En el rojo cinabrio. Perfumaste
De almizcle conservado en negro cofre
Tus formas virginales. Con oscura
Pluma de golondrina puesta al borde
De ardiente pebetero, prolongaste
De tus cejas el arco. Acomodóse
Tu cuerpo erguido en amarilla estera
Y, ante el espejo oval, montado en cobre,
Recogiste el raudal de tus cabellos
Con agujas de oro y blancas flores.

Ornada tu belleza primitiva
Por diestra mano, con extraños dones,
Sumergiste tus miembros en el traje
De seda japonesa. Era de corte
Imperial. Ostentaba ante los ojos
El azul de brillantes gradaciones
Que tiene el cielo de la hermosa Yedo,
El rojo que la luz deja en los bordes
Del raudo Kisogawa y la blancura
Jaspeada de fulgentes tornasoles
Que, a los granos de arroz en las espigas,
Presta el Sol con sus ígneos resplandores.
Recamaban tu regia vestidura
Cigüeñas, mariposas y dragones
Hechos con áureos hilos. En tu busto
Ajustado por anchos ceñidores
De crespón, amarillos crisantemos
Tu sierva colocó. Cogiendo entonces
El abanico de marfil calado
Y plumas de avestruz, a los fulgores
De encendidas arañas venecianas,
Mostraste tu hermosura en los salones,
Inundando de férvida alegría
El alma de los tristes soñadores.

¡Cuán seductora estabas! ¡No más bella
Surgió la Emperatriz de los nipones
En las pagodas de la santa Kioto
O en la fiesta brillante de las flores!
¡Jamás ante una imagen tan hermosa
Quemaron los divinos sacerdotes
Granos de incienso en el robusto lomo
De un elefante cincelado en bronce
Por hábil escultor! ¡El Yoshivara
En su recinto no albergó una noche
Belleza que pudiera disputarle
El lauro a tu belleza! ¡En los jarrones
Biombos, platos, estuches y abanicos
No trazaron los clásicos pintores
Figura femenina que reuniera
Tal número de hermosas perfecciones!

Julián del Casal
(Cuba, 1863-1893)

El Haicai

octubre 19, 2011

Tia, ¿qué están haciendo ustedes?

-esperando a que pase una libélula.

¿Para qué?

-porque mi amiga no las conoce y quiere ver una…

Yo tengo un libro que tiene el dibujo de una libélula.

-la libélula del libro no sirve.

¿Por qué?

-porque ella quiere escribir un haicai.

¿Qué es haicai?

-es esperar que pase una libélula.

Teruko Oda

(São Paulo, Brasil)

Fuente:

Teruko Oda: Relógio de Sol. Massao Ohno Editor. Aliança Cultural Brasil-Japão. São Paulo, 1994

Versión libre: JB

¡Viene un turista!

octubre 17, 2011

¡Viene un turista!
Se encorva un poco más
el falso ciego

Cuando vientos otoñales

octubre 5, 2011

Cuando vientos otoñales
verifican el presagio
campesino, en un naufragio
de cosechas y animales,
llora el guajiro sus males
sobre una caída palma;
pero una vez en la calma,
Ella –promesa de flores–
dice con siete colores
la paz del cielo y del alma.

Jesús Orta Ruíz
(La Habana, 1922-2005)

Pintura: Flora Fong, “El Último Ciclón”, Óleo, 2002

Llega otro barco

octubre 3, 2011

Llega otro barco
Pero el viejo contempla
el horizonte