Haikú mañanero

En la mañana -y debo subrayar que no hay misterio en esto, así como también debo subrayar la ausencia de cualquier logos- lo invariable: un siempre de pequeño fragmento; un siempre de puntos -o líneas- que la mirada sorprende; un siempre bajo manchón, manchón concreto, en lo que parece sonar como un acento. Pero ello, todo así, sin precisar un paisaje, dejar en la piel lo táctil de un objeto, ni mucho menos desplegar el concreto discurso de una emoción abigarrada. Pues se trata de que con ello se produce la sensación siguiente, siguiente sensación que puede ser definida con los siguientes 3 números: 1.- es un casi inútil estar frente, 2.- es un estar frente, pero sólo con la mirada, 3.- es un pedazo vegetal lanzando partículas hacia unos ojos inmóviles.
Pero, como el lector observará, para componer el haikú, cuando sólo se tiene esta desnuda y boquiabierta realidad, habrá que situar dos situaciones frente a frente.
Situación a):
la presencia que nada proyecta, o la presencia sin promesa de estancia, o promesa de espera
y situación frente a a), o sea situación b):
máscara de mi muerte que, frente a esa equívoca materialidad, parece reflejarse en lo extrañamente neutro.
De manera que el haikú puede ser así:
Sombra blancuzca de lo neutro:
techo de la mañana y una máscara
frente a frente sus líneas entrelazan.

Lorenzo García Vega
(Jagüey Grande, Cuba)

***

Lorenzo García Vega (Jagüey Grande, Matanzas, 12 de noviembre de 1926). Poeta, narrador y ensayista. Muy joven se traslada con su familia a La Habana, donde se vincularía al grupo Orígenes, y a la revista de igual nombre, que lideraba quien devendría su maestro, José Lezama Lima. En 1945 se graduó de Doctor en Derecho y en 1961 obtuvo el título de Doctor en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana. Fue responsable de publicaciones en la Comisión Nacional Cubana de la UNESCO y Subdirector del Centro de Investigaciones Literarias del Consejo Nacional de Cultura. Trabajó en el Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba y colaboró en la edición del Diccionario de la Literatura Cubana. En 1968 se estableció en Madrid. Más tarde vivió en Caracas y Nueva York; finalmente se radicó en Miami. Antologado por Cintio Vitier en Diez poetas cubanos. 1937-1947, de 1948, año en que también publica, Suite para la espera. En 1952 aparece su novela Espirales del cuje (Premio Nacional de Literatura de ese año) y en 1960 Cetrería del títere (cuento). Su obra poética posterior, publicada en el exilio, la integran: Ritmos acribillados (1972), Fantasma juega al juego (1978), Bicoca a pique (1989), Vilis (1998), Caminandito hasta estar sentado (1999), Textilandia albina (2004). En Los años de Orígenes (1978) deja testimonio de su controvertida relación con ese grupo literario. En Rostros del reverso (1974) y El oficio de perder (2004 y 2005) recoge sus memorias. Escribió también Variaciones a como veredicto para el sol de otras dudas (1993), Espacios para lo huyuyo (1993), Collages de un notario (1993), Palíndromo en otra cerradura. Homenaje a Duchamp (1999), Papeles sin ángel y Con las cuerdas de Aleister (2005). Su más reciente obra es la novela Devastación del hotel San Luis (2007).

Fuente:
Lorenzo García Vega: Lo que voy siendo. Antología poética. Selección y prólogo Enrique Saínz. Ediciones Matanzas, 2009.

Ilustración: Roberto Diago (La Habana, 1920-Madrid, 1955). Portada de la revista Orígenes, Otoño, La Habana, 1949.

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