¡Qué frío!

Al doblar el cuello,
veo mi cuerpo yacente.
¡Qué frío!

Raizan

Este es un ejemplo de “vernos a nosotros mismos como nos ven los demás”, vernos como Dios nos ve. Hay un poema de Hakurakuten muy parecido, pero sin la experiencia corporal que objetiva, personaliza, ubica temporalmente y por lo tanto eterniza la experiencia:

A PRINCIPIOS DEL OTOÑO, A SOLAS EN LA NOCHE

La fresca brisa mueve las hojas de paulonia;
El batán del vecino es la voz del otoño.
Me acuesto a dormir bajo los aleros;
Al despertar, la luz de la luna en medio de mi lecho.

El frío invernal es un poco diferente al del otoño; el primero tal vez es más físico, el segundo más espiritual.

Fuente:
Blyth, R.H: Haiku. Vol. IV. Hokuseido Press. Tokyo, 1951
Versión libre: JB

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2 comentarios to “¡Qué frío!”

  1. Barlo Says:

    Este impresionante haiku de Raizan, no deja de recordarme a este otro de Santôka, que en traducción del Dr. Vicente Haya dice así:

    Eso
    era mi cara
    El espejo cada vez más frío

    Sore wa watakushi no kao datta kagami tsumetaku

    “… vernos como Dios nos ve…”; sin apego alguno.

    Salud

  2. Juan Carlos Durilén Says:

    Es cierto, ¡qué extraña sensación la de ser espectador de uno mismo…! En la imaginación o en el sueño.
    Y más aún como lo presenta Raizan.

    Inquietante.

    Gracias. Un abrazo.

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