Sobre la rama seca

Kare-eda ni karasu no tomarikeri aki no kure

Sobre la rama seca
un cuervo se ha posado;
tarde de otoño.*

Hay una perfecta unidad entre los objetos de esta estrofa y el “estado de ánimo” que trasmite, una peculiar unión entre lo que se expresa objetivamente y lo subjetivo que queda implícito. Esto justifica su aceptación universal como obra maestra e hito histórico de la cultura japonesa.

Kare-eda quiere decir “rama seca”, o “árbol mustio”, o “sin hojas” aunque no esté marchito. Hay un dibujo del propio Bashô, que muestra un árbol, no con las ramas desnudas (con lo que estaríamos en la temporada invernal y no en otoño), sino con todo el árbol sin vida y marchito. La soledad  de este otoño se intensifica por la inmovilidad sepulcral y el acromatismo de la escena.

Por supuesto, el tema en sí no es nuevo, especialmente para los artistas chinos y japoneses. En prosa y verso también podemos encontrar frecuentes referencias al mismo. En la sección 93 de la segunda parte del Saikontan, leemos lo siguiente:

“Un perro ladra en una aldea de melocotoneros, gallos cacareando entre las moras”, – ¡Qué ingenua simplicidad! Pero cuando tomamos “La luna en un frío lago de montaña, un cuervo en un árbol seco”, sentimos que a esta ingeniosidad, inhóspita, le falta vida.

Se dice que el escritor del Saikontan, Han Min Yang, vivió durante la era Wanri (1575-1619), aproximadamente setenta años antes de la época de Bashô (1644-1694). De haber conocido la estrofa de Bashô, la habría criticado por su artificialidad y podemos ver que tendría alguna justificación para ello. Ciertamente, ésta no es la simple imagen de una tarde de otoño como parece a primera vista

Hay un waka de Sadaie (1162-1241), que puede haber tenido alguna influencia en la creación de la estrofa, donde se muestra la fatal tendencia hacia lo lúgubre y lo desolado porque supuestamente resultan más poéticos que lo radiante y alegre.

Mirando sobre la bahía,
Flores de primavera y hojas otoñales
Nada son,
Comparadas con las chozas de paja
En el crepúsculo de otoño.

Hay la misma tendencia en los poetas románticos ingleses, por ejemplo en Keats y Shelley:

Los juncos se marchitan en el lago,
Y ningún ave canta.

No había hoja alguna  en el bosque desnudo,
Ni una flor el suelo.

Sin embargo, hay que decir que Bashô, al asimilar la esencia del waka y la poesía china, había dado un paso más hacia el ideal de haiku que interiormente sentía aunque aun no fuera explícito. Esta estrofa fue publicada en  Azuma Nikki (1681), cuando tenía casi cuarenta años. En este diario se pueden encontrar otros versos sobre el tema de una tarde de otoño. El de Yûsui es, tal vez, el mejor de ellos:

Aki sabishi tameiki ya tsuku tôdera no kane

Soledad otoñal.
Un lamento. El sonido
de la campana del templo lejano.

En la primera versión, tal y como aparece en el Diario, tenemos:

Kare-eda ni karasu no tomaritaru ya aki no kure

una forma aún más larga: 5-10-5. El significado es prácticamente el mismo, pero la versión posterior es más severamente objetiva en el tono. Este haiku representa el primer paso que dio Bashô en su ruptura con la Escuela Danrin, hacia el establecimiento de la suya y la creación de lo que hoy llamamos “haiku”.

Fuente:
R. H. Blyth: el haiku. Vol.. III. Hokuseido. Tokio,
Versión libre: JB

*Traducción: Fernando Rodríguez-Izquierdo.

Traducción y comentario actualizado y esclarecedor sobre este célebre haiku en: El Alma del Haiku

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