Siervos de los crisantemos

Kiku-tsukuri  nanji wa kiku no  yakko kana

Sembrador de crisantemos,
¡eres el sirviente
de los crisantemos!

Buson

Esta estrofa parece algo breve, como si expresara la exasperación de Buson. El aficionado a los crisantemos podría replicar que el poeta es esclavo de la poesía, y no dejaría de tener un poco de razón, pero el objetivo de la vida poética, o más bien su condición, es la libertad. La gente con pasatiempos e ismos, aquellos que distorsionan sus vidas en aras de un conjunto de principios o de algún propósito, se ven ellos mismos prisioneros de aquello que pensaron enjaular. La poesía de la estrofa precedente, si tiene alguna, está en la cólera que provoca el mal uso de la vida y la belleza. Lo que debió ser flor, se vuelve una atadura, lo que debía provocarnos una sonrisa, nos hace fruncir el ceño. En lugar de seguir a la naturaleza, tratamos de forzarla. Los primeros serán los últimos; y los últimos, los primeros. Quizás sería mejor asumir que el poeta (o el hombre que cultiva las flores) está hablando consigo mismo. Desde muy temprano en la mañana, hasta las altas horas de la noche, vela por los crisantemos, no se libra de ellos ni un instante. Cada crepúsculo, los mira hasta que anochece; lo primero que hace al alba, antes que cualquier otra cosa, es ir al jardín a contemplarlos. Siente que el hombre fue hecho para los crisantemos, no a la inversa. ¿Y cuál es la verdad? Si usted cree que el domingo fue hecho para el hombre, entonces nosotros podemos decir: “El hombre fue hecho para el domingo”. Por supuesto, la verdad es que ninguno está hecho para el otro, y a la vez están hechos para cualquiera. El poeta se da cuenta de esto en su fuero interno, lo piensa y se ríe de sí mismo, tiene una secreta satisfacción ante su propia desmemoria cuando atiende a las plantas.

Hay una estrofa pre- busoniana de Shukuzan:

Kyô kiku no doboku to narishi teire kana

Hoy, podando,
me he vuelto esclavo
de los crisantemos.

Hay unos versos de Issa en los que la dedicación fanática al cultivo de los crisantemos se refleja mejor, debido a que se hace de manera indirecta:

Nyûdo no ôhachimaki de kiku no hana

La cabeza afeitada
y una banda alrededor.
¡Flores de crisantemos!

Un sacerdote laico, o más probablemente un hombre corriente, con la cabeza recién afeitada, se ha atado una banda alrededor de su cabeza para concentrar sus energías en el cuidado de los crisantemos. El modo en que lleva esta venda en la cabeza indica su fanatismo.

Fuente:
R. H. Blyth: Haiku. Vol. IV. Hokuseido.Tokyo, 1951
Versión libre: JB
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