La poesía es niñez fermentada

He dicho que todas las formas de vida triunfante en estos años son provisionales y, por lo mismo, muy transitorias. Verdad es que todo es transitorio y en esto radica su gracia. La vida humana eterna sería insoportable. Cobra valor precisamente porque su brevedad la aprieta, densifica y hace compacta. Delicia de lo fugaz, grácil vibración de espada que esta huidez presta a todo lo vital. Este día que me amaneció hace rato rueda vertiginoso hacia su inminente crepúsculo. Galileo pedía como castigo para los detrattori della corruptibilità que fuesen convertidos en estatuas. Y el viejo haikai nipón dice:

Este mundo de rocío
no es más que un mundo de rocío.
…¡Y sin embargo!…

***

El hombre adulto es, de todos los seres vivientes, el que menos vive de sus percepciones y desde ellas. Quiero decir que menos que ningún otro se rige por lo que tiene delante, tal y como lo tiene delante. El riquísimo contenido de su memoria, y sobre todo «las teorías sabidas» que en ella conserva, actúan constantemente contra las percepciones, quitando a éstas sustantividad y haciéndolas meros utensilios del recuerdo; es decir, del mundo que ya conocíamos, de lo que sabíamos antes de esa percepción. Este mundo conocido es interno, es el hombre interior –sus fantasías, creencias, prejuicios– que domina al hombre exterior, puro percipiente. En el niño y en el animal pasa relativamente lo contrario. Sólo ellos saben ver, precisamente porque no tienen sabiduría anterior o a priori. Lo real es para ellos simplemente lo que «está ahí», patente, desnudo y actual; en suma, la serie discontinua  y pespunteada de sus percepciones.

En el hombre ya no deciden los ojos, sino las teorías, que ortopedizan a las percepciones y, velis nolis, las obligan a deformarse según su molde.

Por otra parte, no tiene duda que la carne de nuestras teorías es lo que hayamos percibido –lo único que no puede ser inventado. Por eso cabe decir que la riqueza intelectual de un hombre depende a la postre de lo que vio cuando era niño. Sobre todo, en arte se vive sólo de las visiones infantiles, del botín que cobraron los ojos nuevos. Alguna vez he dicho que la poesía es niñez fermentada.

José Ortega y Gasset
(Madrid, 1883-1955)

Fuente:
José Ortega y Gasset: El Espectador. Tomos VII y VIII. (Primera edición: 1934). Revista de Occidente. Madrid, 1961
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2 comentarios to “La poesía es niñez fermentada”

  1. Silvia Says:

    Y sin embargo… vivimos como si no nos fuéramos a evaporar mañana, como si todo no estuviera ya evaporado. Qué hermosos versos!

  2. Barlo Says:

    “Delicia de lo fugaz, grácil vibración de espada que esta huidez presta a todo lo vital.”

    Y qué buena prosa filosófica la del amigo Ortega, por cierto…

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