Butoh Space Dance en Cuba

El regreso a la génesis desde la tierra del sol naciente

Por: Alejandro Ruiz Chang • La Habana, Cuba
Fotos: Néstor Martí, Leanny M. Pintado Infante

En la aurora del siglo XXI nadie pone en duda el sincretismo esencial de nuestro pueblo. La Habana, síntesis y catalizador de este proceso, hace por estas fechas alarde de su condición mestiza, multicultural y exótica. Vivir la Habana Vieja es una de las más seductoras propuestas que nos traen estos días de abril, cuando la danza asume la magia de la ciudad de la estática milagrosa. Nos llegan los frescos aires de más de 18 países, pero son los misterios del Japón los que nos motivan e intrigan en la presente entrevista.

El Butoh —técnica de origen japonés— se nos presenta como intento por rescatar lo primigenio, lo sustancial y hacerlo arte, como una manifestación que no enajena al artista de sus circunstancias, pero que busca más que mímesis, núcleo, verdad. Esta técnica danzaria invita a ser espectadores posmodernos y sin necesidad de correr los telones de los teatros. Su arte está en la calle y se aventura a experimentar con el Butoh en este XVIII Festival Internacional de Danza en Paisajes Urbanos. Habana Vieja. Ciudad en Movimiento.

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Tetsuro Fukuhara se acerca a la más grande de las islas del mar Caribe con una propuesta totalmente diferente a lo que sus moradores están acostumbrados, ya desde lo danzario, ya desde lo filosófico. Toda nueva promesa estética, todo intento de cambio de lo formal, encierra en sí un cambio de conceptos, de esencia y el Butoh no se libra de estas pretensiones.

Fukuhara es bailarín experimental de Butoh, a la vez que coreógrafo, escritor y director de Butoh Space Dance; compañía fundada en 1990 con el apoyo de la Fundación Japón, y que realizara ese año su debut en París y Berlín.

El proyecto Butoh ha estado en constante gira mundial por Turquía, Francia, EE.UU., Italia, Tailandia, Reino Unido, Chile y Alemania, entre otros países, donde logró una exitosa acogida en festivales danzarios de esas regiones. En medio de su primera visita a la Isla y en un espacio colmado de bailarines ansiosos por conocer su propuesta, Tetsuro accedió a esta conversación para develar algunos de los misterios del Butoh, materia pendiente para todos los amantes del baile antes de su llegada a Cuba.

¿Qué es el Butoh?

El Butoh sale a la luz luego de la bomba de Hiroshima, como una protesta por esos cuerpos mutilados, resquebrajados. Es la representación de lo que había sucedido, y bajo esos cánones se hace presente en otras partes del planeta, aunque es muy poco conocido.

Es un paso desde el interior. Se trata, también, de la autorrealización a través del cuerpo de la persona. La técnica directa. La danza original. Es una recuperación de la naturaleza en la humanidad y el renacimiento de un cuerpo intoxicado, que de alguna manera se ha perdido en el mundo contemporáneo.

Propone que todo ser humano puede bailar. El cuerpo se pinta de blanco, por lo general, y asume este aspecto de muerte. Pero no solo engloba el fin de la existencia, sino también la vida, la filosofía oriental que en el fondo aborda todo: la muerte y la vida, el sufrimiento y la alegría, la felicidad y el llanto.

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¿Cuál es el significado de “Danza Espacio”?

Es un nombre de danza y diseño —basado en Butoh— que hace aparecer un órgano de conciliación y su entorno en el espacio. En ella, el cuerpo no es una herramienta para la expresión de una historia, sino que es la historia misma.

Propone una colaboración entre danza, arquitectura y el diseño de la información, que utiliza el “tubo” como espacio para crear un concepto propio. Un espacio que nos permite encerrar nuestra información, otorgarle un sentido a cada propuesta.

¿Qué representa el “tubo” dentro de su propuesta?

Es una nueva forma de comunicación y conciencia sobre la base de la danza Butoh. Pretendo hacer una danza en el espacio del movimiento del “tubo”    —una tela blanca de 10 metros de largo por 1.5 metros de altura, hecha con un material especial de estiramiento, que está suspendida por cuerdas—, que se utiliza como un objeto arquitectónico donde los participantes experimentan el movimiento a través de ese espacio.

Establece una relación íntima con el espacio en la que se percibe una nueva consciencia respecto al propio cuerpo. En esta situación ingrávida se recupera su facultad de recibir energía desde la naturaleza, lo que ayuda a retomar una conexión más profunda con el medio ambiente, y realizar un enlace que se ha extraviado en el hiperconectado mundo contemporáneo.

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¿Cómo se inicia Ud. en la práctica del Butoh?

Soy de la segunda generación de Butoh, de Japón. Los padres fundadores, Tatsumi Hijikata y Akira Kasai, fueron mis maestros y llevaron el Butoh desde lo que para ellos era la raíz del ser humano, los inicios: el vientre materno.

En un principio, la idea giraba sobre cómo desplazar las técnicas ya incorporadas, despojarse de ellas y volver a la esencia del hombre. Es un movimiento que va retornando hacia algo más primitivo, algo más puro. Intento llegar más atrás de ese vientre materno: a la célula, al origen, a lo más remoto, para lo que cada cual depende de sus creencias y vivencias. En este aspecto, la visión de Oriente es bien amplia.

¿Cuáles son sus intenciones con este proyecto?

Ahora mismo pretendo llevar a cabo esta técnica por todo el mundo para salirnos un poco del ambiente oriental, y hacerlo no solo para el campo artístico, sino también para un público más amplio. Quiero incluir a niños, estudiantes, empleados de oficinas, personas de avanzada edad, discapacitados, y hacerlo en espacios tan variados como museos, universidades, escuelas, centros de bienestar social o la calle. Todos pueden tener el mismo interés hacia este espacio y lograr sacar fuera un “yo” interior que, muchas veces, no se expone abiertamente.

¿Qué propuesta trae al Festival?

Traigo tres exhibiciones, en el espacio de la galería Factoría Habana. Además, imparto dos talleres sobre la Danza Espacio —uno para niños y otro para adultos, en el mismo lugar de las presentaciones—, en la mañana y la tarde. Estos encuentros están diseñados para comunicar mi experiencia e instar a que todos los asistentes entren en el espacio del “tubo” para disfrutar las suyas.

Con los adultos, pretendo reclutar intérpretes para la Escuela de Danza Espacio en Tokio. La idea es también reconocer la mirada que tienen acá los bailarines y qué se puede rescatar de su memoria corporal.

El trabajo con niños tiene la intención de recuperar ese cuerpo puro que ellos tienen, una expresión que no lleva caretas. Son muy arriesgados y se comunican de forma muy liberal. A veces, son más creativos que uno mismo y lo hacen de forma inconsciente, lanzándose a la experimentación.

En los dos casos, indago en la búsqueda de esa espiritualidad que requiere despojarse de técnicas, en el fondo, ser uno mismo.

¿Cómo piensa que acogerá el público cubano su propuesta?

La propuesta depende de la interpretación que le dé cada uno. Del sentido que se le da a ese camino en blanco por el que se atraviesa. Es un recorrido del movimiento más interno, casi imperceptible, hasta conectarse con el universo.

Puede gustar a algunos, a otros no; pero eso sucede con todas las manifestaciones artísticas. Como dije, depende del estado de ánimo que se tenga cuando te enfrentas a este tipo de performance —si es que se puede llamar así, porque en Oriente el Butoh es Butoh, no es danza, ni teatro, ni todos esos estereotipos en los que se tiende a encasillar a las cosas acá en Occidente.

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¿Algún interés especial en acercar el Butoh a Cuba?

El pueblo cubano tiene mucho que decir y el arte es una vía propicia para esto. El Butoh es una manera de viajar al interior de los sentimientos, a la esencia del ser humano y creo que puede ser muy provechoso para que el público saque afuera lo que siente, lo que quiere expresar.

El cubano lleva la danza en su naturaleza y eso es importante para realizar este viaje. Con esto ya tiene una buena parte del proceso adelantada, a diferencia de otras culturas. Por tanto, va a ser bien fácil que se logre comunicar, identificar con esta práctica.

Cuba es muy interesante en ese sentido, y el contexto del Festival es propicio para ello. Este ambiente de baile, donde el público se mezcla con el arte, con la ciudad, donde cada movimiento se une a su contexto real, es increíble y no lo he percibido en ninguna otra ciudad. Eso es lo que hace único a este pueblo cercado de mar.

Fuente: La Jiribilla

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