Archive for 31 marzo 2014

La mariposa

marzo 31, 2014

Samuel Feijoo_Dibujo

Hoy, además del de Octavio Paz, se celebra el centenario del nacimiento de Samuel Feijóo, creador omnipresente en este espacio dedicado al haiku en Cuba. Una de sus mariposas revoloteó por aquí hace algun tiempo. Ahora nos llega otra.

***

Enciende mariposa hada ligera
en el agua del verde sorprendida,
y la pupila que ya vive herida
ve en la flor silenciosa su quimera.

Morir ahora una sonrisa fuera,
pero un nocturno pájaro en su huida
quiebra a la fuente el ala detenida
que su coral perfecto repitiera.

Vuela al ocaso la ideal estrella
y sube a disfrutar su largo día
de amor sin rasgos ni florida huella.

Traza la mariposa la elegía:
el oro suelta por el tiempo, y sella
su firme trama al alma donde guía.

Samuel Feijóo

 

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Octavio Paz

marzo 31, 2014

O_Paz

Canta en la punta del pino
un pájaro detenido,
trémulo, sobre su trino.

Se yergue, flecha, en la rama,
se desvanece entre alas
y en música se derrama.

El pájaro es una astilla
que canta y se quema viva
en una nota amarilla.

Alzo los ojos: no hay nada.
Silencio sobre la rama,
sobre la rama quebrada

Octavio Paz
(Ciudad de México, 1914-1998)

Galán de noche

marzo 30, 2014

Galán de Noche

Una imagen entrañable, aromas de mi infancia en el Reparto de Hornos, en Marianao…

Galán de noche
El viejo del trombón
vuelve al hogar

 

Ilustración: Enrique Martínez Blanco

Ahí sigue el perro

marzo 27, 2014

El Pan de Azúcar en un día nublado

Ahí sigue el perro
mordiéndose la cola
Nimbos de marzo

Árbol sagrado

marzo 26, 2014

Abricó-de-macaco

Árbol sagrado…
Recordando su aroma
y no su nombre

La Primavera

marzo 23, 2014

Gomez_de_Avellaneda1857

Huyó el invierno sañudo

Y luce brillante el sol,

Que el pálido velo rasgando glorioso

Difunde en la tierra benigno calor.

 

Se cubre el campo aterido

Con halagüeño verdor;

Del dulce Favonio los hálitos puros

Suceden al soplo del fiero Aquilon.

 

¡Salud, bella primavera!

¡Salud, feliz estacion!

Tu grata sonrisa, que vida difunde,

Perfuma los aires, colora la flor.

 

Vencedora del invierno

Llegas vestida de albor,

Los valles se alegran, las fuentes murmuran

Las aves entonan sus himnos de amor.

 

Brota el gérmen, escondido

de la escarcha en la prision,

Y brumas, y hielos y nieves disipa,

Tu impulso de vida, tu soplo creador.

 

Rejuvenecer la tierra

Fué tu dichosa mision,

Y tú la obedeces!… renace cada año

Natura al mirarte, con nuevo vigor.

 

Ay! ¿por qué tambien al hombre

No se extiende tu favor?…

De su edad primera las flores preciosas

Son presto despojos del tiempo feroz.

 

Perfuman con dulce aroma

Su juvenil corazon,

Las toca con mano de acero y de hielo,

Las toca, y marchitas las deja el dolor.

 

El invierno de natura

Tu presencia disipó,

Mas ¡ay! de la vida del hombre infelice

No el pálido invierno disipas tú, no.

 

Una sola primavera

El cielo le concedió,

Y rápida vuela, cual nube de estío,

Cual humo ligero, cual soplo veloz.

 

¡Una sola! y el invierno,

Que helado y mustio va en pos,

Le agobia de nieves, le cerca de sombras

Que nunca disipa benéfico sol.

 

Vuelves al árbol las flores

El perfume y el color….

¡Mas no das al hombre las flores perdidas!

¡Mas no le revives la muerta ilusion!

 

De mi fugaz primavera

Ten ¡oh tiempo! compasion,

Y deja que pueda llevar al sepulcro….

No mucho te pido… ¡tan solo una flor!

 

 Gertrudis Gómez de Avellaneda

(Camagüey, 1814 – Madrid, 1873)

 

 Fuente:

Poesías de la Exma. Sra. Gertrudis Gómez de Avellaneda. Méjico, 1852.

Luz en las hojas

marzo 21, 2014

El último mono

Luz en las hojas
Ahí va el último mono
de la jauría

Viaje a Sarashina

marzo 19, 2014

Hiroshige_La luna reflejando los arrozales en Sarashina

El viento otoñal insufló en mi corazón el deseo de contemplar la salida de la luna llena sobre la blanca cima del monte Obasute. Esta escarpada montaña en la provincia de Sarashina era el lugar donde, en tiempos remotos, los habitantes de las aldeas abandonaban a los ancianos entre las rocas. Mi discípulo Etsujin, con mucha alegría decidió acompañarme, y también lo hizo un siervo enviado por mi amigo Kakei para que nos ayudara a atravesar los pasajes difíciles. El camino de Kiso que conducía a ese lugar, escarpado y peligroso, serpenteaba por laderas abruptas y altos peñascos. Como ninguno de nosotros tenía suficiente experiencia para esta travesía, sentimos la necesidad de ayudarnos mutuamente, pues cualquier descuido en aquellas alturas podía ser fatal. Este sentimiento nos trasmitió el coraje necesario para enfrentar esa magnífica  jornada.

En cierto  punto del camino, encontramos a un viejo monje zen, que parecía tener más de sesenta años, encorvado, sin aliento, con una mirada hosca, cargando un pesado bulto. Mis compañeros simpatizaron al instante con él y colocamos el fardo sobre mi caballo. Así, me vi sentado sobre un gran montón. En lo alto, centenares de blancas cumbres se erguían en las alturas del desfiladero y, a nuestra izquierda, un enorme precipicio caía, miles de metros de altura, en un burbujeante  torrente. El caballo iba tan inclinado por la ladera que no dejé de pensar que un pequeño descuido bastaría para despeñarnos.

Pasamos por los peligrosos estrechos de Kakehashi, Nezame, Suru-ga-baba, Tashitoge, y el camino, siempre sinuoso,  bajo  densa neblina y cortantes ventoleras, nos hacía sentir que estábamos andando entre las nubes. Dejé el caballo y preferí seguir a pie.  Estaba atontado por la altura y no lograba librarme del temor. El siervo que nos acompañaba, por el contrario, montó en el caballo y no parecía tener la más mínima idea del peligro: aletargado, cabeceaba y daba la impresión de que en cualquier momento caería al precipicio.

Me aterrorizaba verlo. Pero después  pensé que también nosotros éramos como este siervo, indefensos ante el peligro, sorteando los siempre mutables escollos de este mundo tormentoso, y que el Buda misericordioso seguramente sentiría en relación con nosotros, las mismas dudas.

Al crepúsculo llegamos a una pequeña cabaña en la ladera. Después de encender una lámpara, saqué papel y tinta, cerré los ojos e intenté recordar las impresionantes escenas que vi durante el día. El monje, al verme con la mano sobre los ojos pensó que estaba sintiéndome mal, y comenzó a contarme pasajes de su peregrinaciones, sutras y la historia de los milagros que presenciara en su larga vida.

Después de escuchar sus fantásticos relatos, no logré componer ningún poema. Entretanto, la luz radiante de la luna inundó la sala, bañando de plata el crepúsculo, entre el suave murmurar de las hojas. Sentí el vocerío distante de los aldeanos que perseguían ciervos salvajes  y la soledad del otoño, consumada en esa escena, colmó mi corazón.

Entonces dije: “Tomemos el té verde y espumoso bajo los brillantes rayos de la luna!” El dueño de la choza trajo algunas tazas. Las vasijas eran demasiado grandes para considerarse refinadas, toscamente laqueadas en oro, de modo que los refinados habitantes de la ciudad podrían dudar si tocarlas o no. Mas para mí, esas tazas azuladas, encontradas en tan remotos parajes, eran más preciosas que joyas con incrustaciones.

Pintar con laca
su redondez…
La luna en la posada.

Puente de tablas.
Las vides enroscadas
para salvarse.

Puente colgante.
Por él también pasaron
caballos imperiales.

Se aclara la niebla
En el puente colgante,
ni un parpadeo.

(Etsujin)

Poemas compuestos en el monte Obasute:

Llora
la sombra sola de la anciana.
Compañera de la luna.*

Décimo sexta luna.
Aún permanezco en la aldea
de Sarashina.

Tres noches vi
la luna llena
en el cielo sin nubes.

Graciosamente doblada,
cubierta de rocío,
la flor de ominaeshi.

Nabo blanco,
amargo
como el viento de otoño.

Castañas de Kiso
¿Serán buenos obsequios
para los aldeanos?

Poemas compuestos en el templo Zenkoji:

Bajo la luz de la luna,
cuatro puertas, cuatro sectas,
se vuelven una.

Avalancha de piedras
en el monte Assano.
Tempestad otoñal.

Matsuo Basho

* Traducción de Ricardo de la Fuente y Yutaka Kawamoto

Versión libérrima: JB

La luna llena

marzo 17, 2014

Luna llena de marzo

La luna llena…
Silencio bajo las flores
del franchipán

 Franchipán: Franchipán, frangipani, Guiee Chachi o Cacalosúchil (Plumeria rubra) es el nombre común de una especie de vegetales que prospera en la zona tropical de América. Frangipani, término con el que se conoce esta planta en varios idiomas se debe a un marqués italiano de este nombre, que creó en el siglo XVI un perfume a base de esta planta. En Brasil: jasmim-manga.

diecisiete gaviotas

marzo 15, 2014

diecisiete gaviotas

Alba de marzo
Diecisiete gaviotas
volando al sur