Hierba común

Hierbas en la pradera

Esa minúscula hierba en la pradera, que el sol hizo florecer silvestre, casi anónima en la madrugada, y los perros pisaron antes del mediodía, volvió a levantarse tras la llovizna de la tarde. No importa que haya muerto una hora después entre las muelas de una vaca igual de anónima, no importa que el rebaño entero vaya a morir mañana en la fábrica de cárnicos. Nadie reparó en la hierba, su tallo quebrado irguiéndose tenaz, su espiga ordinaria reflejando el esplendor del día, un día igual a tantos. No se repara en lo común.

 

Daniel Díaz Mantilla
(La Habana, 1970)

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