Los blandos hilos (1)

José Martí (1853-1895)

Lola, jolongo,
llorando en el balcón.
Nos embarcamos.

Roza una abeja mi boca
Y crece en mi cuerpo un mundo.

Bajo el roble magnífico, se anida
Una casita blanca.

Bajo los árboles, sacuden
Las hierbas sus espigas.

Llamaradas de otoño.
Muchachos y hojas secas.

Las gruesas nubes
El cielo entoldan a la par y el alma.

Rumbo al abra.
La luna asoma, roja,
bajo una nube.

De un curujey
prendido a un jobo, bebo
el agua clara.

Los blandos hilos en las ondas flotan.

No viene el tigre, no baja la montaña, cae la tarde.

La vela, toda blanca en aquel mar –todo negro.

Ese tronco es tronco, y ese leño, leño; y esa hoja, hoja.

Eduardo Benet (1878-1965)
El sinsonte bravo
hace huir los halcones
a picotazos.

A la luna nueva
un lucero la sigue
y le hace señas.

El cielo está grisáceo,
el mar sin una lona,
y el aire sin un pájaro.

Sobre sus zancos
no se enfanga la garza
su traje blanco.

El puente viejo
cruje de verse inútil
sobre el arroyo seco.

Por el camino
vi venir una sombra,
y era yo mismo.

Regino Boti (1878-1958)

El granate de olor
del rojo clavel sencillo:
tres mariposas libando a la vez.

Blanco y azul:
un vuelo de gaviotas
sobre el ras de mar.

La sirte, mar armonioso,
duerme, no quiere ni oírte.
Es tan fecundo el reposo.

El cielo está en el fango.

Voy viendo ocasos
rotos entre las patas de mi caballo.

José Manuel Poveda (1888-1926)

Ni una onda, ni un rumor,
ni flores ni peces en el agua inmóvil.

Mariano Brull (1891-1956)

Si no me engaña este olor,
si no mienten los colores,
los campos están en flor…

La brisa irritada de cal
abanica las casas flamantes.

Sobre bandeja vidriada
un cisne helado reposa
azucarado de nieve.

Estás, donde estaba el hueco
de tu postura en el mar,
tallada en agua…

La luna y el niño juegan
un juego que nadie ve.

José Z. Tallet (1893-1989)

Una orquídea se abre.
Desbordamiento rojo de lascivia.
Está podrida.[1]

Cayó del cielo un bólido.
Barullo y pánico en el hormiguero.
Era un pétalo.

Regino Pedroso (1898-1983)

¡Qué solo miro en torno amarillear los últimos rosales!

Mi melocotonero se ha rendido también al huracán.

Todo es terreno;
el aire, el sol, el agua,
todo es terreno.

Todo es divino;
el sol, el agua, el aire,
todo es divino.

________________________________________
[1]Consciente de que creaciones como ésta se apartaban en más de un sentido del haiku tradicional, Tallet las denominó “Pseudohaiku”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: