Los blandos hilos (6)

Pablo Armando Fernández (1930)

 

La flor del romerillo, el rastrillo

en el patio, abandonado.

 

¡Mirad! ¡Mirad el nido henchido donde

mora la alondra!

 

Lirio espigado, su vaso de cristal está repleto.

 

Aurora, despertar:

barcas, altas espigas

y gaviotas al mar.

 

Verde navío.

Asciende el humo en el atardecer.

 

Fayad Jamís (1930-1988)  

 

…las tojosas arrullan sin cesar en las ramas de ateje.

 

Los almendros esperan nuestras sombras,

tranquilos, frente al mar.

 

Súbito viento reúne las hojas desprendidas.

 

Llueve

El vino la antigua luz tiembla en los vasos.

 

El perro del vecino muerde inútilmente las campanadas.

 

Miguel Barnet (1940)  

 

El gato en el tejado,

el pez en el agua,

y yo a tu libre albedrío

 

Ise Taysu, mi jardín

es tu casa,

cúbrelo de luciérnagas y haikús

 

Qué oscuridad

para el que sólo se alumbra

de lo que ve

 

José Kozer (1940)

 

Aguanieves y escarcha: febrero, la flor

perdura.

 

Ola y ola, aguas lustrales, salió el sol.

 

Anoche

llovió y quedan esquirlas de la luna en los charcos.

 

La escoba

contra un mueble, transfigurada

la escoba.

 

La mula, blanca: a lo lejos, inalterable.

 

Nancy Morejón (1944)

 

Cactus resplandecientes

con una flor en cada espina.

 

Las claras rosas

del otoño en el verdor

de la llanura.

 

Todos al río:

Los cirios,

los caminos.

 

Cuerpo sutil del lago

recuerdas

el temblor de la espera.

 

La visión de los cielos

es tranquila

y gira en los ramales.

 

Raúl Hernández Novás (1948-1993)

 

Me asomo, a un agua:

légamo del espejo,

mi rostro oscuro.

 

Eres un río,

mas tu azogue no pasa:

cambian las cosas.

 

Presente imagen:

lo que un sorbo de agua

dura en la boca.

 

No deja huellas

en la tierra la noche:

sabe que vuelve.

 

Enharinado

payaso de la luna.

Reverso triste.

 

Deshilachadas

se deshacen las nubes.

La estrella tiembla.

 

Este gajito

de naranja, no tiene

gusto a naranja.

 

Brisa intangible.

El sólido edificio

tiembla en el agua.

 

De tantos pasos

quedó lo que importaba:

la sola huella.

 

Divina hoguera…

Quietos los viajeros,

bailan las sombras.

 

Orlando González Esteva (1952)

 

La noche es tal, 

que he cerrado los ojos

para ver más. 

 

No escribo, junto

fragmentos de la noche:

señales de humo.

 

Ni un astro más,

que esta noche se muere

de claridad.

 

La noche es tanta

que si no amaneciera

¿cómo encontrarla?

 

Hay tanta luz

que no veo la noche.

Luna: jaikú.

    

 Cerrar los ojos,

 impedir que la noche

 lo sea todo.

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