Posts Tagged ‘Buson’

Páramo otoñal

noviembre 3, 2014

Camino

Noji no aki  waga ushiro yori  hito ya kuru

Páramo otoñal
Por la senda, ¡alguien marcha
detrás de mí!

Es interesante comparar este con una estrofa del Poema del viejo marino, Parte VI:

…como quien, por sendero solitario,
camina. temeroso,
y, habiendo vuelto la cabeza, sigue
sin volverla ya nunca,
pues sabe que un terrible
demonio, muy de cerca, sus huellas va pisando.*

Los versos de Coleridge expresan un hecho excepcional que es la base de la que surge el estado de ánimo general retratado en el poema de Buson. Estamos siempre rodeados de una multitud de testigos, a veces terribles, pero siempre hay algo corriendo a nuestro lado, aunque solo sea el carro del Tiempo.

*Traducción de M. Manent, en La Poesía Inglesa. José Janés, Editor. Barcelona, 1958.

Fuente:
R. H. Blyth: Haiku. Vol.IV. Hokuseido. Tokyo, 1961
Versión libre: JB

Retiro invernal

diciembre 16, 2013

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Fuyugomori  kokoro no ôku no  yoshinoyama

Retiro invernal.
En lo hondo del corazón,
el monte Yoshino.

Buson

Este también recuerda a Wordsworth:

A veces, cuando yazgo en mi sofá,
desocupado o meditabundo,
algo relumbra en ese ojo interior
que es la dicha de la soledad;
entonces mi corazón, lleno de gozo,
baila con los narcisos.

En la escuela nos enseñaron a ver esta última estrofa de Narcisos como algo simplemente superfluo, que estropea la objetividad del resto del poema. Nos decían que el “ojo interior” es la memoria. Pero no es así. Ese ojo es la imaginación.

Fuente:
R. H. Blyth. Haiku.Vol. IV.Hokuseido, Tokyo, 1961
Versión libre: JB

Haikus hiperbólicos

abril 1, 2013

THREE GEISHA UNDER CHERRY BLOSSOMS

Kane hitotsu  urenu hi wa nashi  edo no naru

 Grandes campanas del templo-
No hay día que no se venda alguna.
Primavera en Edo.

 Kikaku

 En este poema hay dos corrientes poéticas: una es la hipérbole, la otra, la autoidentificación, y las dos forman un solo raudal. Sobre la hipérbole, esa expresión de un estado de ánimo en el que el río de ideas-sentimientos desborda sus riberas repentinamente e inunda la mente, Nesfield dice con desdén:

Esta figura, usualmente es un defecto, pero en ocasiones puede acudirse a ella, siempre que la distorsión de los hechos no choque demasiado con el sentido de la verdad.

En los sutras, la mentalidad india, que tiene una tendencia natural en esa dirección, ha utilizado la hipérbole para superar al intelecto, y crear un estado en que todas las cosas se ven como posibles. Por ejemplo en el Yuimakyô, al principio de la sexta sección, Sharihotsu (Sariputra) se dice, al notar que no había ningún asiento en la sala de Yuima:

“¿Cómo pudieron sentarse aquí todos los Bodhisattvas y los discípulos?”

Yuima dispone treinta y dos mil asientos, cada uno tan grande como el monte Sumeru. Todos los visitantes son acomodados en la pequeña sala de Yuima que mide nueve pies cuadrados. Esto guía al lector del sutra hacia una región intemporal, inespacial, trascendental, donde la vida obra a través del tiempo y el espacio.

Sôshi (Chuangtze), que comparte este misticismo indio, comienza su obra dentro del mismo espíritu y con el mismo objeto:

En el Océano del Norte, hay un pez llamado Kon, que mide miles y miles de leguas. Se metamorfosea en un ave llamada Hô. No sé cuántas leguas mide transversalmente. Poderosa, se eleva y vuela, sus alas cubren el cielo como si fueran nubes.

Él muestra que este gigantesco pez-ave es apenas como una mota en un rayo de sol, y de este modo nos lleva  a una cósmica reductio ad absurdum.

Podemos encontrar ejemplos de hipérbole en muchos autores de haiku, pero en esta figura hay algo extraño a la naturaleza del haiku, que privilegia en todo caso la moderación. A continuación, un ejemplo no logrado de Buson:

 Mizuumi e  fuji o modosu ya  satsuki-ame

Lluvias de estío
¿Regresará al lago
el Monte Fuji?

 Quiere decir que las lluvias del verano son tan violentas que al parecer querrían devolver al lago Biwa la tierra del Monte Fuji, que se supone moldeado por su erupción. Otro ejemplo, de Shiki:

 Kangori ya  fudô no kaen  kôru yo ni

Purificación invernal;
Esta noche las llamas de Fudô
se están congelando.

 Durante el período de Kan. (la estación más fría), cada noche después de las abluciones, templos y santuarios son visitados y venerados, especialmente por los aprendices. Antiguamente corrían desnudos; en la actualidad, en quimonos blancos con hachimaki y campanas atadas a la cintura. Es tanto el frío que las rojas llamas del halo de Fudô, el Dios del fuego, podrían congelarse.

Fuente:
R. H. Blyth. Haiku Vol. II. Hokuseido. Tokyo, 1950
Versión libre: JB

Río invernal

enero 6, 2013

Río invernal_Lulú2

Fuyukawa ya  hotoke no hana no  nagarekuru

Río invernal:
flotando pasan las flores
ofrecidas a Buda.

Buson

Este es sólo una escena, una escena conmovedora, del agua fría que fluye misteriosamente, y algunas flores a medias sumergidas que flotan río abajo. Pero la razón de su trascendencia (no la trascendencia en sí) está en que estas flores estuvieron una vez ante la imagen de Buda y recibieron, compartieron y comunicaron la reverencia y la adoración de los fieles. Aunque no tienen mayor o menor valor ahora, empapadas y mustias, flotan a la deriva para yacer podridas en algun remanso. Es lo mismo su no-valor que su propio valor “religioso”, pero éste se ve con más claridad que antes porque ahora tiene como fondo a la Gran Naturaleza y no al budismo.

Fuente:R. H. Blyth: Haiku Vol. IV. Hokuseido. Tokyo, 1961.
Versión libre: JB
Dibujo: Lucía Bordón Pardo (Lulú)

Al sonido de la flauta

octubre 30, 2012

Fue no ne ni  nami mo yorokitaru  suma no aki

Al sonido de la flauta
también se acercan las olas.
Suma en otoño.

Buson

Fue escrito por Buson en el templo de Sumadera. La flauta es la misma que Bashô escuchó, la silenciosa flauta de Atsumori llamada “Hojaverde”. Todas las cosas se mueven por el número, por la música, y las olas se acercan y retroceden de acuerdo con “las cancioncillas espirituales sin tono”.

Byron tiene algunos versos parecidos en Estrofas a la Música, cuando habla de la voz de una mujer:

Como si su sonido provocara
La calma del océano,
Inmóviles, brillantes, yacen las olas.

Fuente:
R. H. Blyth: Haiku. Vol.. III. Hokuseido. Tokio,
Versión libre: JB

Siervos de los crisantemos

octubre 20, 2012

Kiku-tsukuri  nanji wa kiku no  yakko kana

Sembrador de crisantemos,
¡eres el sirviente
de los crisantemos!

Buson

Esta estrofa parece algo breve, como si expresara la exasperación de Buson. El aficionado a los crisantemos podría replicar que el poeta es esclavo de la poesía, y no dejaría de tener un poco de razón, pero el objetivo de la vida poética, o más bien su condición, es la libertad. La gente con pasatiempos e ismos, aquellos que distorsionan sus vidas en aras de un conjunto de principios o de algún propósito, se ven ellos mismos prisioneros de aquello que pensaron enjaular. La poesía de la estrofa precedente, si tiene alguna, está en la cólera que provoca el mal uso de la vida y la belleza. Lo que debió ser flor, se vuelve una atadura, lo que debía provocarnos una sonrisa, nos hace fruncir el ceño. En lugar de seguir a la naturaleza, tratamos de forzarla. Los primeros serán los últimos; y los últimos, los primeros. Quizás sería mejor asumir que el poeta (o el hombre que cultiva las flores) está hablando consigo mismo. Desde muy temprano en la mañana, hasta las altas horas de la noche, vela por los crisantemos, no se libra de ellos ni un instante. Cada crepúsculo, los mira hasta que anochece; lo primero que hace al alba, antes que cualquier otra cosa, es ir al jardín a contemplarlos. Siente que el hombre fue hecho para los crisantemos, no a la inversa. ¿Y cuál es la verdad? Si usted cree que el domingo fue hecho para el hombre, entonces nosotros podemos decir: “El hombre fue hecho para el domingo”. Por supuesto, la verdad es que ninguno está hecho para el otro, y a la vez están hechos para cualquiera. El poeta se da cuenta de esto en su fuero interno, lo piensa y se ríe de sí mismo, tiene una secreta satisfacción ante su propia desmemoria cuando atiende a las plantas.

Hay una estrofa pre- busoniana de Shukuzan:

Kyô kiku no doboku to narishi teire kana

Hoy, podando,
me he vuelto esclavo
de los crisantemos.

Hay unos versos de Issa en los que la dedicación fanática al cultivo de los crisantemos se refleja mejor, debido a que se hace de manera indirecta:

Nyûdo no ôhachimaki de kiku no hana

La cabeza afeitada
y una banda alrededor.
¡Flores de crisantemos!

Un sacerdote laico, o más probablemente un hombre corriente, con la cabeza recién afeitada, se ha atado una banda alrededor de su cabeza para concentrar sus energías en el cuidado de los crisantemos. El modo en que lleva esta venda en la cabeza indica su fanatismo.

Fuente:
R. H. Blyth: Haiku. Vol. IV. Hokuseido.Tokyo, 1951
Versión libre: JB

Cuando no hay arroz

octubre 16, 2012

Cuando no hay arroz,
la flor de ominaeshi
en el búcaro.

Bashô

El ominaeshi florece en el otoño. La planta alcanza entre tres y cuatro pies de altura,  y da flores pequeñas, como granos, en ramilletes de un amarillo intenso. Los tallos son delgados y parecen transparentes, en algún modo semejantes a una antena de caracol.

Bashô nació en una casa de samuráis y aprendió que:

El pasatiempo de escribir poemas no es propio de un samurái. La inclinación a tales diversiones es cosa de mujeres. El que nació samurái debe vivir y morir con la espada en la mano.*

La estrofa precedente muestra lo que dicta la educación. Bashô, como poeta y samurái, coloca a la santidad encima de la felicidad. Su vida retirada se muestra en esta estrofa del Zenrinkushû:

Partir una rama de hojas carmesíes, y escribir sobre el otoño:
Arrancar flores amarillas, y hacer la cena con ellas.

He aquí una estrofa similar de Buson:

Furusato ya sake wa ashiku mo saba no hana

Mi aldea natal:
el vino, malo,
pero ¡las flores de alforfón!

Sin embargo, puede que Buson esté queriéndonos decir que las flores de alforfón prometen una buena cosecha, y que podrá comer fideos.

* Código de Katô Kiyomasa, famoso general del siglo XVI.

Fuente:
R. H. Blyth: Haiku. Vol. IV. Hokuseido, Tokyo,
Versión libre: JB

Escuchar a la luna

septiembre 30, 2012

Meigetsu ni  inukoro suteru  shimobe kana

La luna llena…
Un sirviente
abandona a un cachorrito.

Buson

Aquí Buson se alza por encima de la moral, por encima del panteísmo, a una esfera en que las cosas simplemente están. La brillante luna otoñal está alumbrando, y un sirviente lleva a un gimoteante cachorro para abandonarlo en la espesura y dejar que muera de hambre. Es demasiado compasivo y, reacio a matarlo él mismo, elude la responsabilidad permitiendo que la Naturaleza haga su labor. Todo se purifica bajo los brillantes rayos de la luna: la cobardía y el heroísmo, la crueldad, la compasión, el sentimentalismo, el cachorro a medias humano, el sirviente a medias canino. Dios hace brillar a su luna sobre el cachorro solitario en la maleza. Para demostrar los alcances del genio poético de Buson, podemos comparar estos versos con otros, en los que se aprecia cómo el poeta mira la luna primaveral con los oídos de Buda:

Tsuki ni kikite  kawazu nagamuru  tanomo kana

Escuchar a la luna,
mirar fijamente el croar de las ranas…
La extensión del arrozal.

Tiene una nota preliminar: “Para Kito, en la Fiesta de Escuchar a las Ranas.”

La poesía de Buson sería descrita por algunos como un simple recurso literario, un ejemplo de la figura retórica llamada Epíteto Transferido.* Pero como se apuntó en el capítulo sobre figuras retóricas en El Zen en la literatura inglesa, una figura retórica es una forma de la imaginación, cierta manera de comprender las cosas que se aparta de la normalidad, que exige por lo tanto una forma diferente de expresión. A veces, en verdad generalmente, miramos fijamente a la luna y escuchamos a las ranas, pero en otras ocasiones, más a menudo de lo que somos conscientes, actuamos como lo ha escrito Buson.

Fuente:
R. H. Blyth: Haiku. Vol. IV. Hokuseido. Tokyo, 1951
Versión libre: JB
***

*La hipálage (del griego ὑπαλλαγή, ‘sustitución’) es una figura retórica que consiste en atribuir a un sustantivo una cualidad o acción propia de otro sustantivo cercano en el mismo texto, rompiendo así con la relación lógica del sustantivo con el verbo o adjetivo. Un ejemplo es el famoso haiku de Matsuo Basho:

¿Quién es el que se lamenta,
su barba soplando al viento,
por el ocaso del otoño?,

donde se atribuye la acción de soplar a la barba en vez de al viento.

(Fuente: Wikipedia)

Tortuga de caja

junio 8, 2012

Zenigame ya aoto mo shiranu yama shimizu

Tortuga de caja:
no sabe de Aoto,
solo del agua clara en la montaña.

Buson

Esto puede ser tomado como un ejemplo de estilo excesivamente difícil del haiku de Buson, y también como una prueba más del profundo interés que sentían los primeros poetas del haiku hacia el taoísmo en general y hacia Sôshi en particular. En el prefacio, se nos dice que le pidieron a Buson que escribiera una estrofa en la pintura de una pequeña tortuga realizada por Maruyama Okyo (1733-1795), un famoso artista de la escuela Kano cuya originalidad residía en su capacidad para reproducir fielmente la naturaleza. Buson escribe:

En lugar de buscar gloria y provecho en las filas de los funcionarios,
Preferiría menear mi cola en el barro.

Esto está tomado de Sôshi, que dice:

Sôshi estaba pescando en el río Bokusui. El Príncipe de So le envió dos mensajeros para pedirle ayuda, ya que los asuntos internos de su país le causaban muchas preocupaciones. Sôshi, pendiente de su varilla, sin volver la cabeza, dijo: “He oído decir que había una tortuga sagrada en la región de So, que murió hace tres mil años. El Príncipe de entonces la colocó en una fina caja y la puso en el Mausoleo. ¿Cuál está mejor: esa tortuga muerta, con sus huesos conservados y enaltecidos, o un ser viviente que mueve la cola en el barro? ” Los dos mensajeros respondieron que éste último estaba en mejor situación. “¡Entonces, marchaos!” gritó Sôshi. ” ¡Me gustaría menear la cola en el barro!”

Aoto Fujitsuna, ministro bajo Tokiyori y Tokimune, en el siglo XIII, fue célebre por su austeridad y rectitud. En esta estrofa se le asocia con la tortuga debido a que la palabra zeni-game significa literalmente “pequeña tortuga de caja.” Una vez, cuando se le cayó una pequeña moneda en la oscuridad, se compró una linterna que valía cinco veces más, y argumentó que si la moneda se perdía, algo insustituible habría desaparecido. El verso significa que esta tortuga, aunque no conoce siquiera a un hombre tan famoso como Aoto Fujitsuna, está felicísima, como la tortuga de Sôshi, ya que vive libremente en el agua de la montaña.

Esta estrofa requiere una asombrosa cantidad de explicaciones, y casi no vale la pena, mas cuando le seguimos el paso a estos temas clásicos e históricos, el haiku se vuelve literatura, aunque no necesariamente poesía.

Fuente:
R.H. Blyth: Haiku Vol. III. Hokuseido. Tokyo
Versión libre: JB
Tortuga de caja es el nombre común que reciben varias especies de tortuga. Se puede referir a las del género Cuora o Pyxidea, que son las tortugas de caja asiáticas… (Wikipedia)

Las chispas del mampostero

agosto 16, 2011

Las chispas del mampostero
fluyen
en el agua clara

Buson

Hay dos tipos de poesía, es decir, dos tipos de experiencia que se corresponden con la naturaleza paradójica de las cosas. Algo puede ser y no ser al mismo tiempo; o, si es una cosa, no puede ser la otra. Intelectualmente hablando, sólo uno de esos dos pares de contrarios puede ser verdadero en cualquier momento. (O puede ser verdad en todos los momentos y lugares, en este universo concebido racionalmente). Sin embargo, en el Zen, en la poesía, en el haiku, cualquiera de esos pares puede aseverarse. Las descripciones de la naturaleza, las afirmaciones sobre la vida corriente son del primer tipo. Las chispas se extinguen en cuanto caen al agua. A veces, sin embargo, negamos rotundamente los hechos. Todos los hombres son iguales, decimos con fervor político-poético. Las chispas fluyen en el agua clara. Mantener la proporción correcta en ambos casos, significa salud mental y emocional. Quiere decir que sabemos qué es Dios y qué es el hombre. Entonces, si deseamos que así sea, vemos fluir las chispas del cincel del mampostero sobre las claras aguas de un arroyo. Otra estrofa, del mismo autor, constituye un “afirmación de la vida corriente”:

 En las claras aguas
el mampostero enfría
su cincel

Bajo el sofocante sol, tras los golpes repetidos del martillo, el cincel se pone insoportablemente caliente. El mampostero lo sumerge en un torrente pequeño que corre, raudo, a su vera. Sin titubeos, el agua acepta de buena gana el calor de la herramienta. El hierro libera al calor, sin remordimientos. El agua gorgotea alrededor de la mano del mampostero. Brilla el sol sobre todas las cosas.

Fuente:
R. H. Blyth. Haiku. Vol. III. Hokuseido Press. Tokyo, 1952
Versión libre:JB