Posts Tagged ‘poesía cubana’

Mariposita de primavera

marzo 30, 2015

Miguel Matamoros

He aquí una habanera compuesta por Miguel Matamoros, músico genial que nació en Santiago de Cuba el 8 de mayo de 1894. Tras su deceso, el 5 de abril de 1971, nos legó obras que forman parte indisoluble del imaginario poético y musical de los cubanos.

***

Mariposita de primavera,
alma con alas que errante vas
por los jardines de mi quimera
como un suspiro de amor fugaz.

Cuando te alejes a otras regiones
llévale un ruego de adoración
a la que un día me dio ilusiones
que se trocaron en decepciones
que hoy llevo dentro del corazón.

Yo quiero verla para besarla
como esos besos que, tú a la flor,
das cuando quieres la miel robarle
para embriagarte cual yo de amor.

Mariposita de primavera,
alma con alas si es que la ves
dile que torne mi compañera
a los jardines de mi quimera
donde no vuelvas jamás tal vez.

Miguel Matamoros
(1894-1971)

Hierba común

noviembre 10, 2014

Hierbas en la pradera

Esa minúscula hierba en la pradera, que el sol hizo florecer silvestre, casi anónima en la madrugada, y los perros pisaron antes del mediodía, volvió a levantarse tras la llovizna de la tarde. No importa que haya muerto una hora después entre las muelas de una vaca igual de anónima, no importa que el rebaño entero vaya a morir mañana en la fábrica de cárnicos. Nadie reparó en la hierba, su tallo quebrado irguiéndose tenaz, su espiga ordinaria reflejando el esplendor del día, un día igual a tantos. No se repara en lo común.

 

Daniel Díaz Mantilla
(La Habana, 1970)

La boca agua

mayo 2, 2014

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Hace apenas unos días, en su blog Segundacita, el trovador cubano Silvio Rodríguez publicó esta hermosa y cubanísima estampa. Ejemplo de poesía natural, que guarda afinidades con nuestra tradición de cantarle a las frutas de nuestras islas. Ojalá que la disfruten tanto como yo.

Saludos desde La Habana.

 ***

La boca agua

 Tenemos marañón. Nos acabamos de dar cuenta. Crecía de incógnito, hasta que echó unas florecitas cuando empezó la primavera. Hoy fui a verlo y, entre el burujón de verdecitos, había tres frutos rojos, llenos de jugo, listos a apretar bembas.

Hace dos días el mamoncillo acabó perdiendo aquel gajo que el ciclón Charlie casi le arranca. Se lo habíamos pegado con una cuerda dura, que duró años, pero ya era una península mayor y pesada. Casi a mediodía sentimos el grito de la mata, cuando se le desprendía el pedazo de vida, la rajadura y luego el golpe seco contra el suelo. Pero nos queda mata, y ojalá también mamoncillos.

La chirimoya y el ciruelo se han desvestido, como acostumbran por este tiempo. Frutos y brotes verdes, prometedores, numerosos.

El mango rey, a punto de empezar el bombardeo.

Se me está haciendo la boca agua.

Silvio Rodríguez

 

 

Fotografía: Silvio Rodríguez

Fuente: Segundacita

La mariposa

marzo 31, 2014

Samuel Feijoo_Dibujo

Hoy, además del de Octavio Paz, se celebra el centenario del nacimiento de Samuel Feijóo, creador omnipresente en este espacio dedicado al haiku en Cuba. Una de sus mariposas revoloteó por aquí hace algun tiempo. Ahora nos llega otra.

***

Enciende mariposa hada ligera
en el agua del verde sorprendida,
y la pupila que ya vive herida
ve en la flor silenciosa su quimera.

Morir ahora una sonrisa fuera,
pero un nocturno pájaro en su huida
quiebra a la fuente el ala detenida
que su coral perfecto repitiera.

Vuela al ocaso la ideal estrella
y sube a disfrutar su largo día
de amor sin rasgos ni florida huella.

Traza la mariposa la elegía:
el oro suelta por el tiempo, y sella
su firme trama al alma donde guía.

Samuel Feijóo

 

La Primavera

marzo 23, 2014

Gomez_de_Avellaneda1857

Huyó el invierno sañudo

Y luce brillante el sol,

Que el pálido velo rasgando glorioso

Difunde en la tierra benigno calor.

 

Se cubre el campo aterido

Con halagüeño verdor;

Del dulce Favonio los hálitos puros

Suceden al soplo del fiero Aquilon.

 

¡Salud, bella primavera!

¡Salud, feliz estacion!

Tu grata sonrisa, que vida difunde,

Perfuma los aires, colora la flor.

 

Vencedora del invierno

Llegas vestida de albor,

Los valles se alegran, las fuentes murmuran

Las aves entonan sus himnos de amor.

 

Brota el gérmen, escondido

de la escarcha en la prision,

Y brumas, y hielos y nieves disipa,

Tu impulso de vida, tu soplo creador.

 

Rejuvenecer la tierra

Fué tu dichosa mision,

Y tú la obedeces!… renace cada año

Natura al mirarte, con nuevo vigor.

 

Ay! ¿por qué tambien al hombre

No se extiende tu favor?…

De su edad primera las flores preciosas

Son presto despojos del tiempo feroz.

 

Perfuman con dulce aroma

Su juvenil corazon,

Las toca con mano de acero y de hielo,

Las toca, y marchitas las deja el dolor.

 

El invierno de natura

Tu presencia disipó,

Mas ¡ay! de la vida del hombre infelice

No el pálido invierno disipas tú, no.

 

Una sola primavera

El cielo le concedió,

Y rápida vuela, cual nube de estío,

Cual humo ligero, cual soplo veloz.

 

¡Una sola! y el invierno,

Que helado y mustio va en pos,

Le agobia de nieves, le cerca de sombras

Que nunca disipa benéfico sol.

 

Vuelves al árbol las flores

El perfume y el color….

¡Mas no das al hombre las flores perdidas!

¡Mas no le revives la muerta ilusion!

 

De mi fugaz primavera

Ten ¡oh tiempo! compasion,

Y deja que pueda llevar al sepulcro….

No mucho te pido… ¡tan solo una flor!

 

 Gertrudis Gómez de Avellaneda

(Camagüey, 1814 – Madrid, 1873)

 

 Fuente:

Poesías de la Exma. Sra. Gertrudis Gómez de Avellaneda. Méjico, 1852.

Teresita Fernández

noviembre 11, 2013

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En la mañana de este lunes 11 de noviembre se ha conocido la triste noticia del fallecimiento de Teresita Fernández, la más destacada cantautora en la creación musical para niños cubanos de varias generaciones… Con la publicación del texto de una de sus hermosas canciones, desde nuestro en clave de haiku, rendimos homenaje a esta entrañable mujer.

***

Lo feo

En una palangana vieja
sembré violetas para ti
y estando cerca del río
en un caracol vacío
cogí un lucero para ti.

En una botella rota
guardé un cocuyo para ti
y en una cerca sin brillo
se enredaba el coralillo
floreciendo para ti.

Basurero, basurero
que nadie quiere mirar
pero si sale la luna
tus latas van a brillar.

Alita de cucaracha
llevada hasta el hormiguero
así quiero que en mi muerte
me lleven al cementerio.

A las cosas que son feas
ponles un poco de amor
y verás que la tristeza
va cambiando de color.

Teresita Fernández
(Santa Clara, 1930 – La Habana, 2013)

Las “japonerías” de Julián del Casal

agosto 27, 2013

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Por: Salvador Arias

  

Ahora que el importante poeta cubano Julián del Casal (1863-1893) cumple 150 años de su nacimiento y 120 de su muerte, es momento propicio para recordarlo a través de algunas de las variadas facetas de su vida y obra. Algunas complejas y polémicas, pero otras, sin dejar de ser significativas y entrañables, coloreadas por un delicioso pintoresquismo. Esto sucede con lo que él mismo calificó como “japonerías”.

Es sabido que estas “japonerías” tuvieron gran auge hacia la segunda mitad del siglo XIX, a partir sobre todo del momento cuando el Japón en 1868, con la restauración Meiji, se abre al mundo. Hasta entonces constituía un país autosuficiente y con pocas relaciones con el llamado mundo occidental, que lo imaginaba exótico con cierto aire de barbarismo. Cuando empieza a recibir regularmente visitantes extranjeros su influencia exterior se hace palpable en muchos aspectos, incluyendo notablemente al arte.

En Cuba “lo japonés”, no siempre bien deslindado, se conocía desde hacía tiempo, anticipado por la visita de un samurái japonés en viaje hacia Roma en 1614, hecho que se perpetúa en una estatua y un pequeño parque en la Avenida del Puerto habanero. Aunque la verdadera presencia de japoneses en Cuba no se hará efectiva hasta el siglo XX. Los objetos y noticias del oriente que se conocían antes en Cuba solían venir de la también colonia española de Filipinas, y en especial de su capital, Manila. A veces objetos chinos, japoneses o hindúes no estaban bien especificados, pues, como los famosos mantones, eran “de Manila”.

Hispanoamérica comienza a interesarse en el Japón ya en la segunda mitad del siglo XIX y se llegaron a firmar tratados de amistad y comercio con Perú en 1873 y con México en 1888. El colombiano Nicolás Tanco Armenteros viajó en 1865 a China, encargado por los hacendados cubanos para conseguir trabajadores para los ingenios azucareros. Y en 1871 visitó Japón, según plasmó en su libro Recuerdos de mis últimos viajes: Japón (Madrid, 1888). Y ya desde 1887 un pequeño grupo de inmigrantes japoneses había fundado una colonia en Chiapas. Pero para Casal el encantamiento japonés le vino, sobre todo, de Francia, en donde el mundo artístico se vertió entusiásticamente sobre “lo japonés”, tratando de aprender el idioma y dejando trazos suyos en pinturas y escritos, sobre todo. En este último campo se destacaron figuras como los hermanos Goncourt, Catulle Mendès y, de manera señalada, Pierre Loti.

Loti había recorrido medio mundo como marino, y de su visita al Japón salió su narración “autobiográfica” Madame Chrysantheme, donde contaba sus amores con una japonesita que tuvo que abandonar, tema que ya a principios del siglo XX alcanzaría su plasmación más conocida en la ópera Madame Butterfly de Puccini (1908). Madame Crisantemo fue lectura predilecta para Casal y muchos de sus conocimientos sobre el Japón provenían de ella. Otro libro que fue trascendental para él fue El arte japonés (a vuelo de pájaro), del francés Luis Gozne, al cual dedicó un artículo aparecido en La Discusión el 17 de junio de 1890. Allí nos cuenta su obsesión por el volumen desde que lo encontró en una tienda hasta que pudo comprarlo y tenerlo como libro de culto, denostando a aquellos que no pueden “extraer la profunda filosofía que está contenida en cada una de esas aparentes fruslerías”, clarificando el sentido nada superficial que él encontraba en las “japonerías”.

De “japonerías” fue llenando su escueta vida, y su modesta habitación en la azotea del periódico La Discusión, su “celda” la llamaba, fue convertida en “un verdadero refugio contra las solicitaciones de la realidad”, según nos cuenta su amigo el novelista Ramón Meza. Quien también nos describe cómo se procuró un diván y unos cojines para leer y escribir, y quemaba pajuelas impregnadas en sándalo frente a un ídolo búdico. Colgaban de las paredes imágenes del Japón y de igual procedencia era una brillante y colorida sobrecama. Y según cuenta otro de sus amigos, Federico Villoch, “debajo del lecho ocultaba un amplio latón de zinc, que usaba como bañadera, y al cual llamaba, siempre perdido en sus paraísos artificiales: mi tina de mármol rosa”. Solía usar en su habitación un pijama recamado en oro, con el cual quiso un día salir a la calle, de lo cual pudo ser disuadido por sus amigos.

Entre las amistades de Julián del Casal se encontraban los hijos del señor Cay, antiguo canciller del Consulado Imperial de la China en La Habana, cubanos ambos: Raoul era cronista de El Fígaro y María resplandecía por su belleza. Las relaciones de Casal con ella adquirieron un carácter especial. En un baile que reseña admirado en La Discusión, el 15 de febrero de 1890, destaca “a María Cay, de japonesa, digna rival de Madame Chrysantheme y de la pluma de Pierre Loti”. Apenas dos meses después, en una crónica que titula “Japonerías”, dedica a la “espiritual” y “lánguida” María un “búcaro japonés” que vio en el escaparate de una tienda.

Y lo más trascendente, la hizo protagonista de su poema “Kakemono”, que es un retrato de la muchacha vestida de japonesa. El título alude a un tipo de cuadro más largo que ancho. Ya desde el mismo inicio precisa que ella “hastiada de reinar con la hermosura” que le dio el cielo, pidió al arte el auxilio para “ostentar la hermosura” del país del sol naciente. Es decir, el arte mejorando la realidad. Así los artefactos caracterizadores en el poema alcanzan preponderancia: “anchos quitasoles”, “amarilla estera”, “espejo oval montado en cobre”, “agujas de oro”, “traje de seda japonesa”, “amarillos crisantemos”, “abanico de marfil calado”, “plumas de avestruz”…

Casal menciona lugares de nombre japonés según los imagina, en los cuales coloca a la muchacha: Yedo, Kyoto, el Kisogawa, el Yoshivara… Para este último lugar acepta la definición que ofreciera Pierre Loti como una de las más respetables instituciones del país: “Es un lugar de paseo y de ostentación frecuentado hasta por las familias, no solo lujoso y espléndido, sino también casto en lo posible, casi litúrgico, casi religioso”. Lo cual no concuerda con otras definiciones que lo llaman “barrio del placer”, “cuartel especialmente dedicado a la prostitución”. Aunque ninguna de las anteriores definiciones probablemente sea exacta, colocar allí a la muchacha era algo engorroso. Un “envío” al final hace más ostensible la dedicatoria del poema.

Las posibles relaciones platónicas con María se quebrantan y en 1891 Casal le dedica el poema “Camafeo” en donde, abruptamente, le expresa: “Mas no te amo. Tu hermosura encierra / tan sólo para mí focos de hastío”; sobre el cual ella le dijo “No esperaba que usted me regalase tan linda calabaza”. Rubén Darío, de visita en La Habana hacia 1892, cuenta como en una recepción en casa de los Cay le fue presentado el futuro esposo de la muchacha, un general. Y cómo Casal, Raoul el hermano y él se refugiaron en un salón de la casa llena de artefactos orientales. Y cuenta como Casal gozaba “con toda aquella instalación de preciosidades orientales: se envolvía en los mantos de seda, se hacía con las raras telas turbantes inverosímiles… mientras en el salón los novios conversaban, en vísperas de su boda”.

Pero Casal produjo otra “japonería” poética. Se trata de “Sourimono”, nombre típico de postales dibujadas que se enviaban a alguien. Aquí no hay dedicatoria, sino solo la transcripción verbal de un delicado y típico paisaje japonés, en la cual demuestra la fuerza evocativa de su poderoso verso. Y con la copia del hermoso poema cerramos estas notas sobre las “japonerías” de Julián del Casal:

Como rosadas flechas de aljabas de oro
vuelan los bambúes finos flamencos,
poblando de graznidos el bosque mudo,
rompiendo de la atmósfera los níveos velos.

El disco anaranjado del sol poniente
que sube tras la copa de arbusto seco,
finge un nimbo de oro que se desprende
del cráneo amarfilado de un bonzo yerto.

Y las ramas erguidas de los juncales
cabecean al borde de los riachuelos,
como el soplo del aura sobre la playa
los mástiles sin velas de esquifes viejos.

 

Fuente: Cubarte

 Salvador  Arias García (Caibarién, 1935) Doctor en Ciencias Filológicas. Investigador en el Instituto de Literatura y Lingüística (1971-1994) y posteriormente de Centro de Estudios Martianos. Ha colaborado con ensayos, artículos, reseñas y bibliografías en casi todas las publicaciones cubanas. Tiene editados los siguientes libros de ensayo: Búsqueda y análisis. Ensayos críticos sobre literatura cubana (1974), Tres poetas en la mirilla (1981), Un proyecto martiano esencial: La Edad de Oro (2001, Premio de Investigación Cultural y de la Crítica Literaria y Artística),Aire y fuego en la raíz: José María Heredia (México, La Habana, 2003), El reto perenne (2008), Martí y la música (2009). Participó en las obras de redacción colectiva Perfil de las letras cubanas desde sus orígenes hasta 1898 (1983), Diccionario de la literatura cubana (2 tomos, 1980-1984) y la Historia de la literatura cubana (2002), de cuyo primer tomo fue responsable. Autor de varias compilaciones, entre las cuales se destacan la Valoración múltiple de Alejo Carpentier  (1977), Acerca de La Edad de Oro (1980, 1989), Crónicas de Alejo Carpentier (2002) y Cartas a jóvenes (2002, 2004, 2009) de José Martí. Además ha realizado la edición crítica de las novelas de Alejo Carpentier El recurso del método (2006, España) y ¡Écue-Yamba-O! (2010, España) y .realizó los prólogos para ediciones cubana y mexicana de Los pasos perdidos de Alejo Carpentier. Ha colaborado con varios artículos en el Diccionario Enciclopédico de las  Letras en América Latina (DELAL), de la venezolana Fundación Ayacucho.  También autor de compilaciones, las cuales prologó y anotó, sobre José Jacinto Milanés, Gabriel de la Concepción Valdés, “Plácido”, Juan Clemente Zenea, poesía cubana de la Colonia.  Ha prologado obras de José Antonio Portuondo, José María Chacón y Calvo, Abelardo Estorino.  Ha viajado, en funciones culturales en general y docentes en específico por México, Venezuela, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Estados Unidos, España, Alemania, República Checa, Eslovaquia, Rusia, Finlandia, Viet Nam. Entre las distinciones obtenidas se encuentran la Por la Cultura Nacional (1994), “Raúl Gómez García” (1994), la Medalla “Carlos J. Finlay” del Consejo de Estado (2001), Medalla “Juan Tomás Roig” (2004) y  el Premio Félix Varela de la Sociedad Económica de Amigos del País (2009).

La Disyuntiva

agosto 14, 2013

La disyuntiva1

APUNTES SOBRE LA DISYUNTIVA.

En La Disyuntiva, este primer libro publicado por Sinecio Verdecia Diaz , resulta fundamental que el lector tenga presente que se trata de poesía performática,  indisolublemente ligada a la oralidad y el canto.  Así, algunos poemas y el haiku, el machete y la katana, Maceo y Takamori, el Diario de Dos Ríos y las Sendas de Oku.

El entrenamiento que Sinecio ha adquirido con la escritura de haikus, explica a ellos sin desbordamientos retóricos o sentimentales.

En  La Disyuntiva se aplica una enseñanza del ikebana y del haiku: reducir la complejidad, la anarquía de lo material hasta un punto, no más allá, de modo que la naturaleza verdadera del objeto se le manifieste a la mirada poética. Esa contención  es otro mérito  del libro.  Sinecio sabe  que, de todas formas, el cielo está en nuestros corazones. Démosle gracias por recordarlo.

Jorge Braulio Rodríguez

Alamar, abril de 2012.

La montaña y la ardilla

julio 12, 2013

Squirrel on Grapevine_Shibata Zeshin_ 1807-1891
Fable

The mountain and the squirrel
Had a quarrel,
And the former called the latter “Little Prig”;
Bun replied,
“You are doubtless very big;
But all sorts of things and weather
Must be taken in together,
To make up a year
And a sphere.
And I think it no disgrace
To occupy my place.
If I’m not so large as you,
You are not so small as I,
And not half so spry.
I’ll not deny yo make
A very pretty squirrel track;
Talents differ; all is well and wisely put;
If I cannot carry forests on my back,
Neither can you crack a nut.

Ralph Waldo Emerson
(1803 – 1882)

***

Cada uno a su oficio

Fábula nueva del filósofo
norteamericano Emerson

La montaña y la ardilla
Tuvieron su querella:
-“¡Váyase Usted allá, presumidilla!”
Dijo con furia aquella;
A lo que respondió la astuta ardilla:
-“Si que es muy grande Usted,
muy grande y bella;
Mas de todas las cosas y estaciones
Hay que poner en junto las porciones,
Para formar, señora vocinglera,
Un año y una esfera.
Yo no se que me ponga nadie tilde
Por ocupar un puesto tan humilde.
Si no soy yo tamaña
Como Usted, mi señora la montaña,
Usted no es tan pequeña
Como yo, ni á gimnástica me enseña.
Yo negar no imagino
Que es para las ardillas buen camino
Su magnífica falda:
Difieren los talentos a las veces:
Ni yo llevo los bosques á la espalda,
Ni Usted puede, señora, cascar nueces

José Martí
(1853-1895)

Imagen:
Squirrel on Grapevine
Ink on paper
Shibata Zeshin (1807–1891)
Gift of Harold Henderson, 1966
The Metropolitan Museum of Art

No me asusta morir…

junio 10, 2013

Jesús Orta Ruiz1

No me asusta morir… Sólo lamento
no tener ojos para ver las cosas
que se transformarán: zarzas en rosas,
lobos en hombres, polvo en monumento.

No me asusta morir… Sólo lamento
ser sordo como el frío de las losas
cuando vengan las músicas gloriosas,
cuando una larga risa sea el viento.

Sólo lamento no tener mi tacto
cuando sea concreto el mundo abstracto
que en crisoles de sueño se moldea.

No me asusta morir… Sólo lamento
quedarme quieto cuando todo sea
la perfecta expresión del movimiento.

Jesús Orta Ruíz
(Indio Naborí)
(La Habana, 1922-2005)