Árbol sin hojas
Febrero 9, 2010 por jorgebraulioCubos
Febrero 8, 2010 por jorgebraulioEn el cubo
que pidió para el baño,
un caracol.
***
Ya de regreso,
el agua antes caliente
le enfría los pies.
Cuando retornó del viaje, su esposa vertió agua caliente en un cubo. Pero se puso a jugar con los niños, revisó todos los encargos hechos, habló de sus experiencias y en ese lapso el agua caliente volvió a su frialdad original.
Fuente:
R.H. Blyth
Japanese Life and Character in Senryu. Hokuseido Press. Tokyo, 1960
Noche de otoño
Febrero 6, 2010 por jorgebraulioRecientemente la prestigiosa página El Rincón del Haiku publicó un poema encadenado escrito por Susana Benet, Jorge Braulio y un servidor. El término japonés para este tipo de poema es renga haikai y dentro de estos, kasen, al que tiene 36 versos. Un poeta o haijin escribe un verso y otro escribe otro verso ampliando o modificando lo dicho en el anterior. Así se establece un especie de diálogo donde los poetas tratan los más diversos temas: las estaciones, la luna, el amor, las flores, escenas de la vida diaria…
Hay tres formas de lectura del renga kasen. Una primera es considerar cada verso individualmente. Hay versos 5-7-5 y 7-7 sílabas. Por ejemplo, este:
Hora del té.
Tintín de cucharillas
contra las tazas.
Creo que sólo a un haijin le interesa ese ruidito que hace una cucharita quizás al ser escurrida contra una taza. Esto es lo que dice el poema, pero lo que sugiere es muchísimo más. Aquí también hay olor, temperatura, color, sabor, compañía, conversación. Toca al lector completar el haiku. Es la hora del té.
Este otro:
En la colina, al alba,
el nuevo espantapájaros.
Está amaneciendo y el poeta señala en una colina a un espantapájaros. Pero no es cualquier espantapájaros, es uno nuevo, hay una atención especial, hay cierta tensión, como si fuera un empleado nuevo en la fábrica o la tienda, que merece una supervisión especial, pues todavía no estamos seguros de sus habilidades. Así que allí está nuestro nuevo empleado, con su sombrero viejo, su camisa vistosa, con la misión de disuadir los pájaros, para que no vengan a picar el maíz o los mangos. ¿Lo hará?
Una segunda forma de leer es considerando la combinación de un verso con otro. El kasen comienza con esta invitación:
Ya que oscurece
sentémonos afuera.
Noche de otoño.
Que es contestada con este verso:
En la hojarasca brilla
silenciosa la luna.
Constituyendo un tanka (poema de 31 sílabas) precioso:
Ya que oscurece
sentémonos afuera.
Noche de otoño.
En la hojarasca brilla
silenciosa la luna.
Pues claro, cómo vamos a desperdiciar esta luna de otoño, en la noche que comienza, en este ambiente fresco y silencioso, acompañado de amigo/as.
El renga kasen continúa:
Arria de mulos.
El viejo cruza el río
tras los muchachos.
La escena se torna movida. Una recua de mulos, acaso bajando café de la montaña. Los actores, de los que no se dio ninguna información en los versos anteriores, ahora son un viejo que, además del arria de mulos, conduce una recua de niños y están cruzando el río. Hay expectación. Seguro que los muchachos se divierten…
Una tercera forma es leer el poema completo, como un todo, dejándose llevar de sus va y viene, de sus sube y baja, de sus versos de amor ilusionado o decepcionado. Al final se encontrarán con tres pompas de jabón, tres efímeros poetas que han escrito unos versos con el deseo de complacerles.
Rafael García Bidó
(Santo Domingo, República Dominicana)
Un paso
Febrero 5, 2010 por jorgebraulioMar en calma
Febrero 4, 2010 por jorgebraulioTienda de pájaros
Febrero 3, 2010 por jorgebraulioRopas al sol
Febrero 1, 2010 por jorgebraulio¡Ponme otro bulto!
Enero 31, 2010 por jorgebraulioJosé Martí
Enero 28, 2010 por jorgebraulio…pero los locos
Enero 27, 2010 por jorgebraulioEl pordiosero
le pone otro abrigo
a su cachorro.
…pero los locos, ay señor, los locos somos presa de afanes clandestinos: paladeamos la sed en vez del vino, confundimos tifones con sirocos. En verdad hasta ahora somos pocos: una facción de escuálidos sin tino que se asoman al muro y los espinos, tras la inyección de frescos y sofocos. La visita interrumpe la carrera del raudal en la sien. Un pez infecto anuncia el contrabando que causamos. Y nosotros los locos, a la vera, aprendimos, señor, este precepto: que de tanto olvidar nos asfixiamos.*









